4.2.16

LITO VITALE CUARTETO:
"La excusa"

Aparte de las demás manifestaciones de sus inquietudes musicales (en solitario, en duo o en trio -el quinteto vendría poco después-), la del cuarteto fue para Lito Vitale una manera gozosa de presentar una música alegre y tremendamente viva. El de Villa Adelina decía: "en realidad me siento cómodo en cualquiera de los formatos. Los puntos más importantes fueron el trío, el cuarteto y el dúo con Baglietto, son los que han tenido más trascendencia y donde el resultado fue musicalmente óptimo para lo que yo estaba buscando en esos momentos". A finales de los 80, coincidiendo con esa faceta artística que comenzó en 1987, este teclista argentino fue conocido y reconocido en España, país que le acogió -ante la satisfacción del artista, deseoso de ser escuchado- con buenas ventas y populosos conciertos. Un tema mítico de estas representaciones en vivo no pertenecía a ningún plástico de Lito, se trataba de una 'estudiada improvisación' de titulo "La excusa", una obra genial que levantaba al publico de sus asientos por lo radiante de su desarrollo y por la maestría de su interpretación a manos de los cuatro virtuosos. En 1991 se iba a hacer justicia con esa extraña y lamentable ausencia, ya que Ciclo 3 publicó en Argentina el trabajo que contenía al fin la mágica composición, un álbum titulado generalmente "La excusa", que meses después llegaba a España de la mano de GASA.

Es curioso como, por obra y gracia de la mercadotecnia, este músico de jazz, rock instrumental y folclore fuera enclavado en el saco de las nuevas músicas, incluso de la new age. Su esencia melódica, así como desfilar por ciertos programas radiofónicos de éxito, fueron la 'excusa' definitiva para esta furtiva inclusión ("En general las etiquetas no valen (...) En las tiendas de música debería haber una sección que pusiera 'músicos'", comentaba al respecto Lito, que también acuñó el apelativo 'gran música de fusión'). "La excusa" cuenta solamente con cuatro largas composiciones, de las que una es ya conocida ("Una excusa") y otra es, por título, una improvisación ("Permiso, voy a improvisar un poco"), lo que podría dar a pensar que este trabajo fuera un aprovechamiento del gran momento popular de la banda. Nada más lejos de la realidad, la necesidad del tema principal y los buenos momentos ofrecidos por las demás, especialmente "Algo nuevo", hacen de "La excusa" un disco que no se queda atrás respecto a los anteriores del cuarteto. Como inicio, "Algo nuevo" no es que presente especialmente nada novedoso, pero sí que consigue contarnos una hermosa historia en trece minutos muy llevaderos. Un excepcional fondo de esencia minimalista casi eclipsa al saxo y su acertada melodía de aires populares al comienzo de la pieza, para pasar a ser el teclado el que toma un gran protagonismo en su tramo medio (espectacular el solo que comienza en el cuarto minuto con sonido de harmónica), inundando de aromas de jazz y de tango esta grácil pieza en la que cada instrumento es un personaje, aportando cada uno sus cualidades para conformar otra gran composición del cuarteto. No obstante, es reseñable que la mayoría de este disco -los tres primeros cortes- fuera grabado por un 'falso cuarteto', un terceto realmente en el que Vitale, volviendo a sus inicios, interpretaba la batería. Si bien es evidente que en vivo se solucionaba esa situación, hay que precisar que los músicos del disco fueron exactamente: Lito Vitale (teclados, voces, percusión, batería en los dos primeros cortes), Marcelo Torres (bajo de 6 cuerdas), Manuel Miranda (flautas -quena, antara- y saxos -tenor y soprano-) y Jorge Araujo (batería en el tema "Una excusa"). No se perciben las "Opiniones encontradas" en el segundo corte, más bien nos encontramos de nuevo con una grata armonía de intérpretes, cada instrumento tiene delimitado su espacio y casi se pueden disfrutar en solitario bajo, piano, flauta o batería, tanto como en un conjunto alegre y vistoso con efluvios de bossa nova y folclore. "Permiso, voy a improvisar un poco" es una larga improvisación soñadora, una magistral demostración a los teclados combinando diferentes estilos, y de hecho otro punto culminante del trabajo, donde se pueden atisbar referencias de obras anteriores de Lito, en lo que sin duda es un sonido característico en su carrera. Es aquí cuando aparece el momento culminante del disco, la esperadísima "Una excusa", tema que provocó la aparición del álbum: "Lo hicimos porque queríamos grabar el tema que daba título al disco, porque que me gustaba muchísimo el solo de Marcelo en el bajo. Nos parecía absurdo no grabar esa música aunque ya estaba pensando cambiar el grupo o dejar un tiempo sin grabar". La melodiosidad de un bellísimo piano conduce a la pieza al territorio del viento, un vistoso paraje con la rítmica y espectacular intrusión del bajo; es este el que destaca especialmente en un interludio en el que, tras un suave comienzo, acaba aflorando el carácter de cada engranaje de la banda, para retornar a la melodía de comienzo notablemente engalanada, y con un magistral solo de bajo que no se puede describir con palabras. Una pieza para la historia del cuarteto, en la que no hay que olvidarse de la percusión que la acompaña, ni por supuesto de un piano que cede un poco su papel protagonista, no solo ante el bajo sino por un viento excepcional. La composición básica, como todas las del trabajo, es de Lito, que borda esa particular 'gran música de fusión'. Exultante y vivaz, "Una excusa" es un delirio de belleza y compenetración de cuatro músicos en uno, ya que esta vez sí que la grabó el cuarteto: la melodía del viento (Miranda) la entrada y los interludios del piano (Vitale), el acompañamiento de la batería (Araujo), y la innombrable demostración de técnica y el enorme solo de bajo (Torres). Escuchando grandes momentos como este se entiende la frase de su autor: "Me siento feliz haciendo música".

Dos años después de "La excusa" llegó el último álbum del cuarteto, "La cruz del sur". Muy exigente con su propia música, la considera un proceso cambiante, que depende de muchos factores absolutamente personales. Así, más tarde, aparte de otro tipo de obras en solitario o en colaboración, Lito incluyó una guitarra en su banda para crear el Lito Vitale quinteto. Rubens 'Donvi' Vitale, padre de Lito, pedagogo musical y creador junto a su mujer, Esther Soto -también profesora y cantante-, de numerosos proyectos musicales (entre ellos MIA -Músicos Independientes Asociados-) y del sello Ciclo 3, murió el 26 de octubre de 2012. Él fue una especie de alma mater para Lito, su hermana Liliana y tantos otros músicos que pasaron por sus clases, y que por ejemplo configuraron el proyecto MIA (Músicos Independientes Asociados), cuando Lito tenía 13 años: "Mi viejo me enseñó a buscar siempre el camino más artístico y verdadero, a no volverme loco con que las cosas funcionen económicamente". 'Donvi' fue sin duda culpable en gran parte de que esta música llegara hasta nosotros, y el talento natural de su hijo hizo de él un músico reconocido, creador de obras tan fabulosas, incluso inmortales (y no importa la denominación ni clasificación de las mismas) como "Ese amigo del alma", "Recuerdos en mi bemol", "Los dueños del sol" o "Una excusa", que tras deambular por múltiples escenarios encontró acomodo en CD y vinilo en 1991.

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19.1.16

OTTMAR LIEBERT:
"Poets & Angels"

Aunque parezca un recurso fácil, no es sencillo realizar un disco de canciones populares navideñas (el carol en el mundo anglosajón o el villancico de los hispanoparlantes), especialmente por lo conocido y manoseado de los temas más difundidos, esos que cada familia puede tararear en sus reuniones. No sólo es importante sonar de una manera distinta, original y atractiva, sino que hay que saber tratar bien a estas tonadas relacionadas con lo divino. Parece que desde siempre la cultura norteamericana se toma más en serio que la europea la musicalidad y el interés popular de este tipo de composiciones populares, practicamente todos los artistas superventas de la conocida como new age en los EEUU han presentado en una o varias ocasiones su propia interpretación de un puñado de canciones navideñas en forma de álbum temático: Chip Davis (Mannheim Steamroller), George Winston, David Lanz, Jon Anderson, Jim Brickman, Cusco, Enya, Liz Story, Craig Chaquico, Kenny G, Peter Buffett, los artistas del sello Windham Hill..., y en la mayoría de las ocasiones se ha tratado de los álbumes más vendidos en los meses invernales, lo que significa un verdadero negocio para algunos de los artistas mencionados. Ottmar Liebert no iba a ser menos, y a finales de 1990 Higher Octave Music le publicó un sencillo pero estimulante trabajo para la temporada invernal titulado "Poets & Angels", con el clarificador subtítulo 'Music for the holidays'.

Con "Nouveau flamenco" (1990) y "Borrasca" (1991), este guitarrista de figura elegante y bohemia logró numerosisimas ventas y dos números 1 en la lista de new age de la revista Billboard, medidora de las tendencias comerciales en los Estados Unidos (el de "Nouveau flamenco" llegó con la reedición en el año 2000). A pesar de la importancia de los dos trabajos mencionados, uno menos mediático se coló enmedio de ambos, este "Poets & Angels" donde la guitarra vuelve a ser protagonista principal y absoluto. En un sentido religioso se podría crear una problemática entre las canciones navideñas y su inherente sentido católico, pues Liebert, católico de nacimiento en Alemania, dejó de serlo por voluntad propia desde los 16 años, tomando contacto enseguida con el budismo zen. Sin excesivo celo ético, queda escuchar agradecidos estas sencillas tonadas que a muchos han acompañado cada Navidad, y otros conocen y respetan por su belleza y carácter folclórico. Ottmar Liebert impone su estilo para versionar ritmos tan populares como "Jingle bells", "Silent night" o "Little drummer boy". El sonido es rotundo, crea bellas atmósferas plagadas de rumba y sabores de lo hispano a lo tropical, e incluso, al dejar una impronta tan rotunda con la guitarra española, casi crea un disco propio, original, en parte gracias a la inclusión de cinco composiciones propias, entre las que destaca enormemente "Starry Nite (March of Kings)", con la que Ottmar se acercó maravillosamente a lo popular -parece sacado de la tradición- y endulzó diversos recopilatorios de su compañía. En cuanto a las otros cuatro, son la prueba de que Liebert lleva el ritmo en los genes y el flamenco en el corazón, de ahí las influencias escondidas, disfrazadas de Navidad, movimientos rumberos -"Poets & Angels", "Festival (Of 7 Lights)"- y aires flamencos -"Shepherd's Nite Watch", "Morning Glory"-, que sazonan notablemente el conjunto. El resto del plástico sí que se compone de gloria y divinidad, diez carols (o villancicos) tratados instrumentalmente y rescatados de la tradición, aunque en el disco no se atribuyen realmente a los autores originales, a los que llegamos -si los hay reconocidos- con una fácil búsqueda. "Deck the halls" ('Adornen los salones', canción galesa del siglo XVI cuyo estribillo se interpretaba con arpa) abre el trabajo, y es un comienzo apetecible y agraciado. Numerosos artistas han interpretado la mayor parte de estos clásicos, por ejemplo el villancico francés "Angels we have heard on high" ('Ángeles cantando están') ha pasado por las voces de, entre muchos otros, Andrea Bocelli, Cristina Aguilera, Jewel, The Carpenters o, de manera instrumental, The piano guys. Otro de los más conocidos, "Little drummer boy" (supuesto original checo transcrito en el siglo XX por la pianista estadounidense Katherine Kennicott Davis) se hizo muy popular desde la versión de la familia Trapp, y en España por medio de Raphael ('El tamborilero'), si bien cuenta con numerosísimas versiones en variados estilos, soul (Stevie Wonder, Ray Charles), folk (Joan Baez, Bob Dylan), clásica (Nana Mouskouri), rock (Jimi Hendrix), pop (Abba), disco (Bonnie M), a-cappella (Take 6) o, en lo instrumental, Kenny G, Tuck Andress o Mannheim Steamroller, si bien la versión de Liebert convence y se disfruta. Continuando con las melodías más conocidas, "We 3 Kings (of Orient R)" es otro villancico estadounidense (compuesto por John Henry Hopkins Jr en 1857), mientras que "O holy nite" es francés, de 1843. Eso sí, tal vez los dos títulos más representativos sean "Jingle bells" ('Navidad, dulce navidad', de James Pierpont, 1857), que en su origen no era específicamente una canción de Navidad, sino que trataba sobre las carreras de caballos, y "Silent night" ('Noche de paz', austriaco, de 1816), con importantes versiones, en el entorno de las nuevas músicas, de Enya, Mike Oldfield, Mannheim Steamroller o Il divo, entre muchos otros. Menos conocidos son los tres que restan por comentar, todos ellos del siglo XIX, "1st nowell" (inglés), "Away in a manger" (norteamericano) y "O christmas tree" (alemán). La edición japonesa incluía además el corte "Poets + Angels Live". "Poets & angels" fue el primero de los tres álbumes navideños de Ottmar Liebert. El segundo es "Christmas + Santa Fe", publicado en el año 2000: Santa Fe es la ciudad de residencia de Liebert desde 1986, y su influencia, su actividad y diversidad cultural, ha sido fundamental en la creación del 'nouveau flamenco'. La llegada del guitarrista hasta este entorno fue casual, cuando se dirigía a Los Angeles desde Boston, donde había tocado en una banda de rock y había trabajado como mensajero en bicicleta: "Estaba ayudando a un amigo a conducir una camioneta de regreso a Santa Fe y me iba a quedar un par de semanas, descansar e ir a Los Ángeles. En lugar de eso disfruté realmente de la ciudad, hay una interesante mezcla de cosas allí, tienes la cultura india, la cultura hispana y la cultura anglosajona. Hay restaurantes que combinan la comida mexicana con todo, italiana, francesa, cocina asiática, de California...". Se trata además de un paraje encantador en las fechas navideñas, de ahí el título de esta segunda entrega. La trilogía se completó en 2005 con "Winter rose", que incluía referencias a clásicos como Fauré o Tchaikovsky. 

Aunque le consideren un diletante del flamenco, no cabe duda de la capacidad de Ottmart Liebert para lograr melodías pegadizas a la guitarra española en un estilo aflamencado que él mismo se encargó de bautizar como 'nouveau flamenco' en su primer álbum. "Poets & Angels" es fácil y plácido, pero en absoluto aburrido, es más bien bastante entretenido en su duración de 54 minutos poblados por 15 canciones cortas plenas de candor navideño. El sonido es limpio, con la producción de Liebert y Domenico Camardella, y la utilización de guitarra flamenca por parte de Ottmar Liebert, el bajo de Jon Gagan y la percusión (y palmas) de Davo Bryant. Gagan en especial ha sido un habitual en la cambiante banda de acompañamiento del músico, denominada 'Luna negra'. En la portada, Liebert (altivo, desenfadado, con su cualidades mestizas realzadas) mira al cielo buscando esos ángeles que se pasean por el titulo del disco, aunque también parece dar gracias por la sorprendente y excepcional acogida de su música, ese nuevo concepto llamado nouveau flamenco que, ante las iras de los puristas españoles (calificado por Paco de Lucía como una caricatura del flamenco), nació en 1990 con el primer plástico de este fan de Carlos Santana, Miles Davis y John McLaughlin. La controversia está servida, usted pase, disfrute y decida. Pero ante todo disfrute.

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14.12.15

PAUL WARD:
"For a knave"

En cualquier campo o estilo musical son numerosos los ejemplos de artistas que, tras una o dos obras de interés, desaparecen sin dejar rastro. También es usual que no se les reconozca su labor, cayendo en el olvido algunos trabajos meritorios que podrían haber tenido cierto alcance. Ambas circunstancias se conjugan en la figura de Paul Ward, sintesista británico de inmerecida escasa repercusión, en especial por una joya oculta de la música electrónica instrumental de las dos últimas décadas del siglo pasado, de título "For a knave", publicada en 1991 por el sello Surreal To Real, una agrupación de músicos electrónicos fundada por el propio Paul Ward junto a John Dyson y Anthony Thrasher, para editar principalmente los álbumes de los dos primeros, así como los de otros artistas electrónicos como Ian Boddy, Michael Shipway, Glyn Lloyd-Jones, o grupos como Wavestar (dúo del propio Dyson y David Ward-Hunt) o Tranceport. Dyson rememoraba felizmente aquella época como un grupo de amigos, principalmente universitarios, convocados por Ward a través de un anuncio en una revista musical en los 80, que solían reunirse en algún bar para charlar o tocar música electrónica.

Si poco conocidos son los dos discos en solitario de este teclista, aún más difícil de encontrar es su seminal álbum de 1987 "Beyond The quiet point" (reeditado en 1995 por Surreal To Real), firmado a dúo por Ward y Neil Thompson (otro miembro de aquel grupo de colegas) bajo el nombre de Quiet Point. Se trata de un trabajo nada desdeñable, muy dinámico, con ritmos y melodías definidas en un contexto totalmente electrónico, cercano a algunas bandas sonoras ochenteras (Jan Hammer, Giorgio Moroder). Posee buen sonido y piezas muy llevaderas, que van a ser el germen del estilo que Paul Ward va a presentar en sus dos discos en solitario (por ejemplo "Taken to a place", que parece un bosquejo de "Interleave" -corte estrella de su primer álbum-, aparece en el segundo con igual título y tratamiento). Por unas u otras causas, Quiet Point se disolvió y Paul Ward comenzó su carrera en solitario; posiblemente era este último el principal valedor y creador en el grupo, de hecho Neil Thompson aporta una única composición en su participación en los dos álbumes en solitario de Ward. En "For a knave", el que nos ocupa, produce además tres de las composiciones, mientras que John Dyson se encarga de la producción de una de ellas, dejando el resto y la supervisión general para el propio firmante de la obra. Una pintura de Kevin Raddy ilustra la cubierta del plástico, anticipando su carácter aventurero. De hecho, un comienzo cósmico muy relajante deviene en una completa pieza estimulante e intrépida que parece haber sido creada como sintonía de televisión o incluso para cine del genero de espada y brujería, si atendemos a dicha portada. Dominada por teclados simulando guitarras y flautas, y percusión electrónica en una onda africana, en el climax final de "Flying south" suena otra furibunda falsa guitarra. Todo lo que hay de ficticio en esta música lo hay de palpitante, y mientras otros sintesistas deslizan provocativos juegos cacofónicos o largas suites atmosféricas en sus trabajos, Ward se centra por lo general en una música contundente, piezas electrónicas cortas con asomos al rock, de consumo fácil y entretenimiento, logrando un producto acertado y de calidad ("yo no hago desarrollos largos y ambientales", comentaba). El clima épico se mantiene durante todo el álbum, en el que también puede respirarse un componente altivo tan propio de otros músicos de renombre como David Arkenstone o Yanni, ambos del campo de la new age, que enaltece composiciones como "First home", con despliegue efectista final. Un teclado bastante solitario y afable es complementado en "Love, lies and magic" por aires sinfónicos conforme avanza la pieza, un tema producido por John Dyson, al que Paul atribuía todo el mérito del artístico tratamiento orquestal, que salvó una composición que no hubiera funcionado sin su ayuda. Más romántica se presenta "Borderline", que se hace corta, antes de llegar a un momento culminante (tal vez lo mejor, junto a "Flying south", de un disco muy adictivo) titulado "Interleave", melodía con fuerza, repetitiva y pegadiza, incluso excitante, que presenta vientos simulados muy atractivos. La segunda parte del álbum comienza con la facilona y pegadiza tonada de "Last stand", con ritmo constante y bajo y saxo simulados. "The alchemist" es otra melodía rotunda, la única que presenta una guitarra real en el conjunto electrónico (interpretada por Phil Easton), mientras que más delicadas son "Cetacean" (atmosférica y conmovedora), "Glide path" (soñadora pero directa) y un largo epilogo luminoso y aventurero, que deriva por igual en un tono épico y cósmico, titulado "Twelve towers", distinguible de los demás cortes por sus mantos de teclados en una onda planeadora. Es un final relajante y maravilloso en un trabajo con un melancólico toque retro ("el minimoog proporciona el sonido analógico clásico", añadía Paul), creado en 8 pistas y con el siguiente equipamiento: sintetizadores Roland (JX-8P, D50 y SH-09), Minimoog, Yamaha TX7, Sequential Circuits Pro-1, el sampler Ensoniq EPS y pedales Moog Taurus Bass.

Es evidente que se pueden encontrar similitudes en la obra de Paul Ward, por ejemplo la elegante secuencia y la ilusión de falso viento que abren "Flying south" bien podrían haber adornado algún trabajo del Vangelis de finales de los 70. Aunque no se puede llegar a asociar plenamente a esos monstruos de este tipo de música como el propio Vangelis o Jean Michel Jarre, sí que se pueden encontrar ecos de otros solistas de excepción como Joel Fajerman o Robert Schroeder (un poco menos Thierry Fervant, que incorpora elementos acústicos a su música), de bandas de gran seguimiento como Tangerine Dream (en su vertiente más melódica) o Wavestar (el grupo de John Dyson), así como de algún monstruo de la new age como David Arkenstone (en su carácter fantasioso y grandilocuente), o de refilón de otros artistas del sonido Narada Mystique, como Peter Buffett. La misma compañía Surreal To Real sacó a la luz en 1994 "The fear of make-believe", la última obra conocida de Ward. Presenta un sonido más avanzado, robótico incluso (a pesar de usar bajo, guitarra y batería reales), no tan provisto del halo romántico que desprendia el carácter aventurero de su debut, cambiado por una cierta frialdad cósmica que no llena tanto, al carecer de la frescura y elucidad de su primer plástico. Se mantienen las melodías atractivas, de continua sintonía (tal vez con voces hubiera entrado en la comercialidad del tecno-pop) y ritmos tecnológicos que hacen de "The fear of make-believe" otra obra totalmente acertada y recomendable para devotos de la electrónica y para cualquier tipo de público, dada su huida de ambientes caóticos y consecuente fácil consumo.





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19.11.15

BABIA:
"Oriente-Occidente"

Antes de que la etiqueta Nuevas Músicas unificara en el mercado español una larga gama de estilos para su fácil comercialización, una serie de inquietos músicos habían desarrollado una llamativa fusión de sus trayectorias en el mundo del folk, la música antigua y el pop-rock. Cuatro músicos madrileños cercanos y amigables, Luis Paniagua, Luis Delgado, Eduardo Paniagua (hermano de Luis) y Jesús Greus (que se acabó especializando en música andalusí, afición compartida con los dos anteriores), se adelantaron a su tiempo al crear a comienzos de los 80 el grupo Babia, cuya existencia sólo contempló un disco, un excepcional vinilo titulado "Oriente-Occidente", publicado en 1982 por Guimbarda. Manuel Domínguez fue el periodista que creó este gran sello que publicó y distribuyó música folk de España (Emilio Cao, Labanda, Vainica doble, etc) y del resto del mundo (Alan Stivell, Boys Of The Lough, Silly Wizard, Pentangle y sus miembros -John Renbourn, Bert Jansch-, Don Cherry, Alan Giroux, Barbara Dane, Jose Afonso y un largo etcétera de más de 20 países, incluyendo el trabajo "Children of the sun", de un jovencísimo Mike Oldfield con su hermana Sally). Como su título indica, el álbum viajaba continuamente de Oriente a Occidente, paseándose por varios continentes en una rica y agradecida 'fusión étnica', tal fue el término que se utilizó para denominar a esta fenomenal aventura que Luis Paniagua reeditó en CD en 2003 en su sello Silentium.

Es precisamente en esta reedición donde encontramos un adecuado texto aclaratorio: "Hay que remontarse a enero de 1981 para encontrar el origen de lo que es hoy Babia. Fue en esta fecha cuando se comenzó a pensar en la posibilidad de crear una formación de músicos cuya labor no estuviera limitada por ningún molde previo. Se abrieron puertas y ventanas a muchas culturas, a nuevos y viejos sonidos y a un gran número de instrumentos". Extensa es, precisamente, la gama de utensilios: Sitar, pipa, esraj, psalterio, tanpura, contrabajo, bajo eléctrico, teclado, tabla, xilófono, caxixi, gong, timbales, címbalos, campanas, rueda de campanas, cencerro, botes de arroz, bolsa de moldes de repostería, voz (Luis Paniagua); sintetizador, órgano, guitarras sintetizadas, bajo eléctrico y sintetizado, archilaúd español, guitarra portuguesa, programador de ritmos, kalimba, rhana tun, cabasa, timbal, címbalos, campanas, voz (Luis Delgado); flautas sopranino, soprano, alto y bajo, flauta búlgara, flauta noruega, flauta sintetizada, psalterio, darbuga, xilófono, palo de lluvia, kalimba, crótalos, gongs, plato, cascabeles, campanas, campana de tubo, cencerro, sonajas, pajarito, voz (Eduardo); tabla, tabila, bombo, caja, charles, platos, campanas, caxixi, caña de semillas, voz (Jesús). Además, las colaboraciones puntuales de Pepe Ébano (tumbadoras), Andreas Prittwitz (saxo alto y clarinete), Paco Espinosa (bajo eléctrico) y Juan Alberto Arteche (voz). "Oriente Occidente" es un atrayente cuaderno de viajes que comienza con fuerza y folclorismo andino, pues la introducción ("Introducción-Nazca") nos conduce hasta Nazca, esa inmensa región peruana en la que se ubican unas misteriosas líneas excavadas en la arena como señales para dioses voladores. En esta mirada aérea -sólo se pueden distinguir desde el aire, de ahí que Luis añada 'elevándose a cientos de metros'-, la música consagrada a estos dioses es vibrante en cuanto a sus cuerdas y percusiones, si bien no hurga en lo misterioso y sí en lo folclórico por las flautas empleadas. El conjunto viaja hasta la India en el segundo corte, "Nuevos razonamientos", gran demostración de estos monstruos de la música patria que tiene todos los condicionantes para encandilar, melodía, ritmo, exotismo y una interpretación de lujo: el sitar era el instrumento característico de Luis en aquella época, y su exótico sonido llena este corte dividido en un primer segmento tranquilo y un segundo activo y pegadizo, tanto como para nombrarlo como uno de los momentos destacados, a pesar de no ser elegido como single. Desde luego, era un sonido distinto en aquella época, y no exento de comercialidad si se hubiera difundido con mayor acierto, y es que hay que hacer constar que estos cuatro amigos efectuaron una grabación adelantada a su tiempo. Cada canción es distinta a la anterior, así como su instrumento principal: en "Luciérnaga" es el saxo el que imprime un tono jazzero al tema, con un atractivo desarrollo bastante bohemio. Algo similar sucede en "Música terrena", con vientos desatados en un plan algo más étnico. Es Luis Paniagua el compositor principal del trabajo y en este sentido alma máter del mismo, puesto que solamente dos de los cortes no son de su creación: "Kejaritomene" (un pequeño interludio de su hermano Eduardo, que realmente se asemeja a alguna de las hermosas miniaturas que Luis Delgado creó poco tiempo después para el documental "Alquibla"), y "Mohebius" (que sí es obra de Luis Delgado, un folclórico 'nuevo amanecer, de un sol de color azul' -explica-, un cuento de andanzas exóticas con rica instrumentación comandada por la flauta, muy bien desarrollado y con un sonido muy actual). "Oriente-Occidente" tuvo un lanzamiento en forma de single, un intento de radiodifusión que contenía "Toi toy" en la cara A y "Torero" en la B: "Toi toy" es el tema elegido como portavoz de esta diferente propuesta musical, aunque tal vez no parezca tan atrayente o afortunada como "Torero" o "Nuevos razonamientos", pero si que posee garra y buenas intenciones, así como un enorme bajo (de Luis Delgado) que puede recordar a ciertas canciones de Pink Floyd o de Alan Parsons, lo que pudo motivar su elección como corte destacado. En las voces, en la más pura tradición india, colaboraba un invitado de excepción, el guitarrista de Nuestro Pequeño Mundo, Juan Alberto Arteche, que justo ese año 1982 fundó Finis Africae. Si cabe más interesante que el anterior, "Torero" es un sencillo distinto y atrevido para su época, un inicio calmado deriva en una llamativa y maravillosa pieza, pegadiza incluso en su tuna principal, en la que se puede paladear además la completa gama de instrumentos que la engrandece e intenta plasmar su definición en el cuadernillo: 'valor, locura, soledad, fé, oración, color'. Concluyendo, "Misterio del entendimiento" es de nuevo algo andina (presenta un primer tramo relajante a la flauta y un segundo rítmico con un ameno xilófono, consiguiendo un corte, si bien no especialmente destacado, muy completo) y "Bengala" retorna a la India, al adaptar un tema popular en el que destacan sitar y percusión, pleno de gracia y movimiento, un atractivo final en un disco completísimo que, recuerda Luis Delgado, se hizo mientras trabajaba en la RCA durante el día, y por la noche daba conciertos y producía grupos de folk. Luis Paniagua concluía así su comentario sobre el trabajo: "Un sonido nuevo en el cual se encuentran Oriente y Occidente, presente y pasado hacia el futuro. (...) Su música está llena de color, visiones, sensibilidad, ensamblando perfectamente los sonidos, las ideas y los timbres".

Dinámica y vital, la de Babia es una música que poco tiene que ver con la espiritualidad que Luis Paniagua promulgará en su carrera futura, aunque posea ciertos tintes relajantes, basados en la profunda sonoridad del sitar y de sus cadencias indias. Mas allá del folk, de las músicas del mundo y del jazz, esta conjunción de elementos tiene verdadero duende, exponiendo al oyente su fantasioso mundo interior, un cúmulo de viajes exóticos y experiencias interiores. "Oriente-Occidente", que en su título parece buscar un equilibrio entre la pobreza material de países como la India y la pobreza espiritual de nuestro modo de vida, sigue sonando fresco más de tres décadas después de su publicación, y permite disfrutar de un clima de lejanía y aventura sin salir de casa, un trabajo muy completo, de variada y poco convencional instrumentación, cambiante estilísticamente hablando, y con un vistoso componente melódico, una excepcional rara avis en el panorama de los grupos españoles de comienzos de los 80.

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20.10.15

WOLFSTONE:
"The half tail"

Aunque la banda escocesa de rock celta Wolfstone siempre se había decantado hacia una música rotunda, una progresión natural experimentada desde comienzos de los 90 donde lo mas puro y tradicional seguía estando presente en gran medida, ellos mismos avisaban que en su trabajo de 1996 "The half tail", el oyente podría sentirse atrapado por un sonido mas duro que en los exitosos, sublimes incluso, "The chase" o "Year of the dog", las dos anteriores obras del grupo. La propia portada del nuevo álbum avisaba claramente de ello, una desafiante calavera de bovino con fondo de colores negro y sangre. Lástima que la caligrafía del libreto, obra de Amanda Munro, sea tan elegante y estilizada como dificilmente legible. El título provenía de una antigua expresión escocesa sobre los talleres en los que se reparaban los carros que se quedaban a 'media rueda' (half tail), al romperse una de ellas. El sello norteamericano de música celta Green Linnet volvió a apostar por estos herederos de William Wallace, y realmente es constatable que en "The half tail" se respiraba más que nunca el espíritu combativo escocés, a través de reels guerreros y letras comprometidas.

Esta banda implica una demolición del folk que se digiere de manera convencional, planteando una rockera y sugestiva combinación de ritmo y melodía, y una alternancia de temas vocales e instrumentales que consigue una deliciosa fluidez y mayor sensación de variedad. Desde luego, no hay momento para el aburrimiento en "The half tail", para empezar, por medio de un poderoso y bailable reel de título "Zeto" (su primera parte, 'Zeto the bubbleman', es una versión de Gordon Duncan de otra enérgica banda, Ceolbeg, mientras que el segundo tramo, 'Electric chopsticks', fue compuesto por Roddy MacDonald). El contraste se da con "Tall ships", una acertada canción de Ivan Drever con aroma country, armónica incluida. "No Tie Ups" es otro vocal que cierra el disco correctamente, sin embargo son las otras dos canciones que restan del trabajo las que rozan la excelencia: "Heart and soul", de fácil seguimiento, funde de nuevo eficazmente sones sureños y celtas, de la mano de Drever y Duncan Chisholm; y "Bonnie ship the diamond" es una delicia, un soberbio arreglo de un tema tradicional (consta de dos partes, 'Bonnie ship the diamond' y 'The last leviathan'), de desarrollo pegadizo y furiosa guitarra. En cuanto a los cortes instrumentales, el nivel es sencillamente sublime: "Gillies" es uno de los grandes clásicos de la banda y de la música celta de final de siglo, una magistral pieza recordada y venerada, que aúna intensidad y emotividad (su primera parte, el aire lento 'The sleeping tune', es obra de Gordon Duncan, mientras que la segunda y más rítmica, 'The noose and the gillies', la compuso el canadiense Perry Gauthier). En "Granny Hogg's enormous wallet" un comienzo de suave piano deja paso a una animada y sugerente danza con protagonismo de la flauta. "Glenglass" es una delicada y bellisima tonada de Stuart Eaglesham, esta vez dominada por el violín, otro de los puntos culminantes del álbum. Para concluir, "Clueless" no llega a alcanzar, a pesar de su corrección, los niveles anteriores. A efectos de producción el álbum es mas que correcto, posee un sonido limpio y conciso, con momentos de todo tipo muy bien delimitados y construidos. El responsable, Chris Harley, intentó ser el sustituto de Phil Cunningham, y este escocés desaparecido en 2015 demostró perfectamente su valía, la experiencia de tantos años con otra banda escocesa de renombre, Runrig, a los que agradecía Duncan Chisholm haber abierto el camino de la música celta escocesa hacia el rock. La banda mantenía sus cuatro miembros básicos, lo que garantizaba la conjunción de los mismos: Duncan Chisholm (violín), Ivan Drever (voz, guitarras, bouzouki) y los hermanos Eaglesham, Stuart (guitarras, whistle, voces) y Struan (teclados); además, Wayne Mackenzie (bajo), Mop Youngson (batería) y Stevie Saint (gaita), y como músicos invitados, Iain Macdonald (flauta), Sandro Ciancio (percusión) y Fraser Spiers (armónica). Mención aparte merece un gaitero tan innovador como Gordon Duncan (fallecido prematuramente en 2005, curiosamente el mismo año que otro genial intérprete de gaita, Martyn Bennett), que participaba en el anterior trabajo del conjunto, y si bien no aporta su magistral interpretación en éste, sí que colabora en la composición de algunos de los temas.

La inclusión de títulos tan míticos como "Gillies" o "Glenglass" en cuanto a los instrumentales, y "Bonnie ship the diamond" o "Heart and soul" entre las canciones, ayudó a hacer de "The half tail" un trabajo equilibrado (si bien los temas sin palabras parecen dominar el conjunto) y absolutamente imprescindible en la amplia y efectiva discografía de los escoceses, si bien culmina su mejor etapa, a partir de la cual las composiciones esenciales son menos habituales. Unas giras extensisimas hacían tan fáciles los momentos de fiesta como difíciles los destinados a la composición de nuevas canciones, lo que no impidió que siguieran llegando más trabajos con pequeñas nuevas joyas, buenos discos en general ("Seven" o "Almost an island", por ejemplo), pero que están notablemente eclipsados por la grandeza de sus grandes obras. No en vano, "The half tail" fue el último trabajo de Ivan Drever en la banda, al decidir dedicarse totalmente a su carrera en solitario. Uno de sus álbumes, "This strange place" (creado junto al bajista Wayne Mackenzie), creó una cierta confusión en el público al decidir Green Linnet editarlo bajo el nombre de Wolfstone, sin tener el sonido propio del grupo, el que abrumaba en trabajos como "The half tail".

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22.9.15

HIMEKAMI:
"Ihatovo Hidakami"

De un tiempo a esta parte, la enorme importancia que han adquirido los medios de comunicación ha posibilitado que lo que antes era muy lejano, casi imposible de acceder, ahora esté a un solo click del ratón, más allá de kilómetros, idiomas y fronteras. Por eso ahora conocemos con total fiabilidad las discografías de músicos lejanos y exóticos, pero sólo hace unas décadas nadie fuera de Japón sabía quién era Yoshiaki Hoshi y por lo tanto Himekami, grupo de culto en su país que al fin traspasó fronteras gracias a la recopilación "Moonwater", distribuída en Estados Unidos por Higher Octave Music y con edición española a cargo de Sonifolk/Lyricon. Dicho sello se encargó de la difusión y traducción a nuestro idioma de las nuevas obras de la banda nipona, comenzando por un sosegado trabajo de 1990 (que llegó a España en 1991) de título "Ihatovo Hidakami", en cuyo interior se explicaba: "En Ihatovo Hidakami se encuentra el origen de Japón, que nunca acabará de contarse". Es altamente destacable la forma en la que dos músicos japoneses tan parejos pero a la vez tan distantes y personales, como Yoshiaki Hoshi y Kitaro, quisieron tratar el mismo año 1990 la historia de sus orígenes. Hoshi (Himekami) se amparó en la poesía y en una supuesta sencillez inspirada por la naturaleza, mientras que Kitaro utilizó una mayor complejidad instrumental para abordar las leyendas ancestrales de su tierra en otro inmenso álbum de título "Kojiki".

En el caso de Himekami, la interacción entre la propia imaginación del músico y los mitos colectivos del país nipón, generaron una realidad artística que iba más allá de la propia música para alcanzar un extraordinario nivel poético, lográndonos trasladar mentalmente a los paisajes inmemoriales a los que rendía pleitesía, como inspirado por antiguos alientos. Hidakami (también conocido como Kitakami) es un lugar del norte de Japón, en la prefectura de Iwate, varios kilómetros al norte del lugar de nacimiento de Yoshiaki Hoshi, la ciudad de Wakayanagi (Kurihara), en la prefectura de Miyagi. La de los Hoshi con Iwate es una historia de amor, allí instalaron su residencia y lugar donde compusieron sus éxitos, y también allí (en Takizawa, concretamente) nació su hijo Yoshiki, que actualmente mantiene el nombre del grupo tras la muerte de su padre. Es evidente que se trata de una zona que los Hoshi conocían a la perfección y quisieron reverenciar en este trabajo, tanto a través de una preciosa música como de un completo libreto ilustrado con bellas fotografías naturales, cada una de ellas presidida por un idílico pie de foto. Con aspecto de haikus (breves poemas japoneses de tres versos, basados en la emoción que produce la contemplación de la naturaleza), se trataba de poemas en los que se hablaba de ese lugar del norte de Japón llamado Hidakami, donde el sol, el viento o el bosque son elementos tan profundos y espirituales como la memoria de sus gentes, que alcanza los siete mil años. La música presentada por Yoshiaki y Etsuko Hoshi en este álbum de sonido complaciente, relajado, se apropiaba de la magia del paisaje, de la insondabilidad de las viejas leyendas y de la cercanía y felicidad de sus pobladores, en su paleta abundaba el colorido, del azul del cielo y de las aguas, al verde de los árboles o el rojizo de los atardeceres. En "Katayuki kanko shimiyuki shinko" podemos notar cómo toda la naturaleza se va desperezando, cómo el sol llega poco a poco a cada rincón del bosque y el nuevo día hace acto de presencia, derivando en un pequeño himno pleno de sencillez, una música tan inocente que parece hecha para alguno de los films animados de la época dorada de Disney. De hecho, "Tsuriganesouwa asano kaneo takaku narasi" ('La flor campanilla tintinea fuertemente por la mañana') podría asemejarse a una nana, por su suavidad y una cierta carga infantil, una humilde belleza flotante. También infantil pero muy eficiente es "Sanjyunen toiu kiirona mukasi" ('El color de 30 años convertido en sepia'), otra divertida tonada juguetona, saltarina, destacada en el trabajo, si bien no tanto como "Kaze no manto" ('El manto del viento'), posiblemente el tema estrella del álbum -junto al que lo cierra-, una hermosísima demostración de lo que Hoshi era capaz de ofrecer, extrayendo de muy dentro sonidos que conectan con la más profunda esencia del oyente. 'El manto del viento' mantiene durante un minuto un carácter ambiental, para encontrar entonces una exultante melodía de teclado aflautado, igual de apacible pero con mayor intensidad. También "Tsumekusano akari" / "Ano Ihatovo no sukitohtta kaze" ('Aquel transparente viento de Ihatovo') es otro corte afortunado, melodía ondeante que se desarrolla in crescendo durante mas de 8 minutos, un ensueño bucólico en el que árboles, plantas y animales se enzarzan en un ballet mágico. Composiciones relajantes adornan el resto del álbum, la suite "Kouseino sorano nohara" ('El campo bajo el cielo azul') / "Kentaurusai" ('La fiesta de Kentauro') / "Hontou no saiwai" ('La verdadera felicidad') presenta ciertas reminiscencias clásicas chinescas, "Numabatakeno oriza" ('Oriza en la ciénaga') es como un Debussy japonés, y una nueva suite, "Oozonaro taki" ('La cascada del cielo') / "Kuromojino kino nioi" / "Yukiwa aojiroku akaruku mizuwa rinkouo age" ('La nieve está pálida y el agua fosforescente'), parece una auténtica sinfonía natural. La capacidad evocativa, presente en este trabajo, de la música de Himekami ha provocado que durante su trayectoria varias de sus composiciones hayan servido para acompañar imágenes de documentales ("Kaido") o películas ("Tohno monogatari"), además de servir de sintonía para cabeceras de programas de la NHK y la TBS. De igual manera, "Ihatovo Hidakami" concluye con una suerte de sintonía, "Aoi kurumi" ('La nuez azul'), una dulce melodía de semblanza folclórica, que sin llegar a impresionar sí que se puede respirar y disfrutar. Discurriendo por caminos de aparente simplicidad, la beldad de las armonías y ambientes de "Ihatovo Hidakami" embelesa sin llegar a aburrir, la delicadeza de los teclados inunda de belleza cada composición, y las dotan de aspecto natural, en absoluto sintético, gran virtud de un grupo que se inspiraba preferentemente en la naturaleza, y cuyas pretensiones eran ni más ni menos que reflejar en su música lo increíble, maravilloso y en ocasiones indescriptible, de los paisajes, cielos, aromas, flora o fauna de Japón. Y por lo general, lo conseguían.

Apacible, balsámico, infantil por momentos, o al menos enmarcada en un tipo de sonido para todos los públicos, esta obra es un sencillo cuento que consigue algo tan complicado como narrar la belleza, logrando de paso una belleza doble, la comunión de paisaje y música, a través de ambientales haikus musicales, serenos, discretos, pero absolutamente emocionantes. Como su propio país, Hoshi representaba perfectamente esa dualidad entre lo antiguo y lo nuevo, lo ancestral y lo tecnológico, lo natural y lo artificial. Bien construida y encauzada, la vivencia en armonía de ambas realidades generó un producto embriagador, que lamentablemente no parece haber tenido una continuidad aceptable tras la muerte del maestro, en su propio hijo Yoshiki. Nos quedamos, entonces, con esa estupenda discografía que afortunadamente, en cuanto a los años 80, hemos podido degustar a través de completos recopilatorios ("Moonwater", "Snow goddess", "Lo mejor II" -que incluía dos composiciones de "Ihatovo hidakami") y, ya llegados a los 90, por medio de ediciones con traducciones a nuestro idioma de álbumes como "Zipango", "Homura" o "Ihatovo Hidakami".

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6.9.15

NICHOLAS GUNN:
"Afternoon in Sedona"

Al contemplar, en vivo o en fotografía, la riqueza paisajística de desiertos como el de Sedona, en el estado norteamericano de Arizona, se presume lo fácil que debería resultar para un músico sentirse inspirado por su belleza e inmensidad. Artistas tan distintos como Steve Roach, Ken Davis o Chris Spheeris se han sentido atrapados por esas formaciones rocosas de arena rojiza que rodean la ciudad de Sedona, en las cercanías del parque nacional del Gran Cañón. El flautista inglés -afincado desde su juventud en los Estados Unidos- Nicholas Gunn, es otro de los músicos que plasmó en CD sus impresiones al respecto de este desierto rojo y de la espiritualidad que emana del lugar, así como su homenaje hacia las tribus nativas americanas, Sinaguas, Yavapis y Apaches, que habitaron tan prístinos paisajes hasta que acabaron siendo recluídas en la reserva india de San Carlos, al sudeste de Arizona. Su recuerdo llevó por titulo "Afternoon in Sedona" y lo publicó el sello de Sausalito (en la bahía de San Francisco) Real Music en 1993.

Para sacar a la luz sus primeras composiciones tras las negativas de las discográficas a las que había enviado sus maquetas, Gunn tuvo que recurrir a la autoedición de "Afternoon in Sedona" en 1992, e incluso obtuvo un buen reconocimiento gracias a algunas emisoras independientes y a varias cadenas de tiendas de artículos naturales que también vendían músicas de relajación y New Age, como Natural Wonders o The Nature Company. El carácter minorista de esta primera grabación de "Afternoon in Sedona" no evitó que Real Music mostrara interés en su reedición, aunque en un primer momento había sido uno de los sellos que había obviado las propuestas de Nicholas. El CD, reeditado con merecimiento en 1993, logró un cierto éxito, si bien fue su segundo trabajo, "The sacred fire", el que alcanzó el top 10 en las listas de ventas de New Age de la revista Billboard, una categoría con la que el músico no estaba de acuerdo, prefiendo el término World Music o Instrumental Music. "Afternoon in Sedona" posee una encantadora inocencia, transmite paz, incluso amor o pasión, sentimientos que inspiran a este músico tanto como los grandes paisajes. De inicio sorprende con el corte homónimo, una divertida tonada de ritmo animado donde la flauta ya toma el lógico protagonismo. Algo mas elaborada y con una delicada dosis de fantasía se presenta "The traveler", donde el flautista propone que aprendamos de lo que 'el viajero' puede contarnos, y para completar una estupenda terna inicial, "Sedona rising" es una composición mas aventurera, si bien con la sutileza propia de este hábil intérprete que festeja aquí los cambios estacionales. Aunque la flauta sea en todo momento el elemento principal, es destacable el carácter multiinstrumentista de Nicholas Gunn, que interpreta en el disco flauta, violín, percusión, piano y sintetizador. Alex Acuña y Auzzie L. Sheard III colaboran en la percusión, y Bill Cobb con las guitarras. Ya en el comienzo del álbum destacan especialmente las percusiones, y es que no hay que olvidar que un Nicholas adolescente, ya afincado en Los Angeles, aparcó la flauta un tiempo para dedicarse a la percusión. También hay que prestar atención a los teclados, que adquieren especial relevancia en "Medicine wheel" -de un eficaz sinfonismo que representa 'las emociones cotidianas sentidas por los indios cuando adoraban al poder curativo dentro del equilibrio creado en sus vidas en Sedona'-, "Moondance" -una danza a la luz de las estrellas dotada de burbujeante magia- y "Voyage of the butterfly". Al contrario que la mayoría de las canciones más recordadas, que adquieren notaciones tribales, esta última está poseída por una gran dosis de romanticismo, si bien la composición más destacable en ese sentido es la que Nicholas dedicó a su esposa, "Michelle's theme", que le recordaba en todo momento lo delicado que podía ser el amor. Toques épicos se advierten en "Dance of the eagle", y sonidos naturales ayudan a crear atmósferas nativas en "Fading from existence" (sobre la sabiduría de la naturaleza) o "Qomolangma" (el nombre tibetano del monte Everest). En general se trata de un trabajo sencillo y encantador, que suple su limitada profundidad con una buena dosis de espiritualidad y bellas melodías denominadas por la crítica como neo-primitivas, y que evidencia el dominio de los instrumentos de viento de este multiinstrumentista nacido en Rochester. En un afán creativo que le lleva a controlar cada faceta de su música, Nicholas es, además de compositor e interprete, el productor de sus propios trabajos, como de este álbum de debut en un mundo, el de la música instrumental, al que quiso acceder tras admirar la obra de sintesistas como Jean Michel Jarre o vangelis, y descubrir sus enormes posibilidades.

Nicholas Gunn propuso en "Afternoon in Sedona" una colección de juegos de viento, teclado y percusión de meliflua sencillez, tal vez inocencia, pero de gran acierto en el sentimiento y en la manera de concentrar sus intenciones espirituales en el pueblo indígena americano, pues parte de la esencia india se encontraba en la mayoría de los cortes del trabajo, a los que imprimía una gran fuerza tribal. Basado en un tramo inicial fabuloso, deslumbrante por momentos, se trató de un primer disco prometedor, una potente irrupción en el mercado de la New Age de este artista que continúa activo sin descanso y con solvencia, si bien su popularidad, como la de la mayoría de las estrellas de este tipo de música, ha ido menguando con el paso del tiempo. En estos estupendos y exitosos inicios, quedó deslumbrado por la belleza sin igual de los paisajes de Arizona, que intentó convertir en una música profunda y hermosa: "No hay mapas de carreteras en esta tierra, las únicas direcciones son aquellas que parten del corazón".

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18.8.15

CHANNEL LIGHT VESSEL:
"Automatic"

Mal encauzada, la experimentación sonora en el terreno de la fusión de culturas y de lo acústico con lo electrónico, puede discurrir por caminos agrestes, embarrados. De vez en cuando, para nuestra fortuna, se desarrollan proyectos activos, eficaces y novedosos, sin la necesidad de venderse a un tratamiento de fácil masticación por el gran publico. Descienden sus ventas, sacrifican el acceso a la fama, pero ofrecen lo que realmente tienen dentro, un producto auténtico y sincero, sin las cortapisas de desangelados directivos que solo viven de los números. La banda Channel Light Vessel fue un claro exponente de lo anterior, y además era una reunión de nombres relumbrantes, una formación de extrema calidad y brillante experimentación en lo que se podría denominar ambient jazz. Su primera grabación, de título "Automatic", fue publicada en 1994 por la independiente británica All Saints Records, compañía que recogió el testigo (y el catálogo) de Opal Records y Land Records, sellos creados por el inquieto multiartista Brian Eno a finales de los 80. Grabado en los estudios Real World, "Automatic" contó con la presencia de un delicado corte extra, "Faint aroma of snow", en la reedición de 2005 por parte de Hannibal Records, con portada distinta a la original.

El nombre del grupo y de su primer trabajo provienen de un 'lightvessel' (un barco que actúa como un faro en aguas muy profundas) de nombre 'Automatic', ubicado en el Canal de la Mancha, y utilizado por la BBC. El conjunto se reunió en torno al legendario guitarrista Bill Nelson (miembro de Be-Bop Deluxe en los 70), que había producido a otros dos de los miembros, Roger Eno y Kate St. John, en su álbum conjunto de 1992 "The familiar". St. John era una guapa intérprete de instrumentos de viento, cantante y compositora que había pertenecido al grupo The Dream Academy, mientras que Roger, más allá de ser el hermano pequeño de Brian Eno, contaba ya con una exitosa carrera en solitario combinando lo ambiental con la música de cámara. Laraaji (afroamericano, orientado a las músicas del mundo) y la violonchelista japonesa Mayumi Tachibana fueron los dos nombres que completaron esta inusual formación multicontinental de creación fortuita, ya que cuando Nelson, Eno y St. John fueron a presentar "The familiar" a Japón, el telonero era Laraaji, al que acompañaba Mayumi al chelo. Todos coincidieron en un momento dado en el escenario, y se produjo una especial química, que decidieron trasladar al estudio. En determinados momentos alcanzaron una cierta majestuosidad sonora, especialmente cuando hacía su aparición el oboe, en collages musicales sin tiempo definido que parecen crear su propio estilismo. Momentos privados de gran esplendor intimista, incluso con esencias clásicas, se alternaban con otras construcciones mas oscuras, en una evolución sonora sin rumbo fijo, a ratos desconcertante, en ocasiones deslumbrante. Un acertado primer corte, cancion sencilla en la que voz masculina (Bill Nelson) y femenina (Kate St. John) se complementan a la perfeccion, despierta el interés hacia el disco: "Testify" tiene madera de pequeño himno para los seguidores de la banda, y es que el original y beneficioso tratamiento instrumental convierte en pequeños tesoros a lo que de otro modo podrían haber sido simples canciones de estilo pop. Enseguida aparece el corte más difundido, un "Train travelling north" donde se aúnan los factores mas distinguibles de la banda, curiosa mezcla de instrumentación (el oboe cobra papel protagonista, pero presenta unos cuidados complementos, desde el chelo que lo secunda hasta la efímera guitarra, pasando por la cuidada percusión o el pegadizo ritmo), atemporalidad, huida del enfoque facilón y una curiosa esencia de modernidad y etnicismo cuyo nivel tanto de exotismo como de electrónica no es desmedido sino agradable. En la antítesis del subidon melódico anterior, cadencias orientalizantes fundidas con jazz atmosférico ("Dog day afternoon", donde el saxo no llega a alcanzar el clímax necesario para destacar especialmente) unen sus fuerzas con ritmos urbanos de apariencia también jazzistica (en "Ballyboots" una excitante percusión y una gama de sonidos atrevidos convierten algo que parece comenzar deslavazado, en una audaz aventura de difícil ubicación -parece una banda sonora de serie ochentera- pero pleno disfrute) o hiphopera ("Thunderous accordions", un poco caótico y vanguardista), o con suaves baladas, vocales ("A place we pray for", pieza relajada en la que se vuelven a contrastar dos voces opuestas, terrenal la masculina, angelical la femenina) o instrumentales ("Bubbling blue", "Bill's last waltz"), en un todo que agrada y convence. No faltan piezas atmosféricas ("Flaming creatures", un eco de vientos un tanto atonal, una atmósfera soñadora con atisbos de fusión jazzistica y experimental -voces extrañas en un final industrial-) e incluso algún momento prescindible ("Duende", en una fusión contundente aunque no tan afortunada, un experimento flamenco del que se agradece su corta duración, ya que podía haber derivado en un gran batacazo). Para acabar de resumir el trabajo, el cierre viene dado por dos cortes completamente diferentes que encierran sus dos vertientes, la urbana y moderna ("Fish owl moon") y la calmada, antigua ("Little luminaries", despedida melancolica, de nuevo un jazz suave de una humilde sencillez, tamizado oriental, en la que se conjugan piano, vientos y cuerdas). Cada miembro de esta reunión de amigos y músicos demostraba en el estudio su versatilidad: Bill Nelson (guitarra, bajo, teclados, percusión, voces), Roger Eno (piano, teclados, acordeón, banjo), Kate St. John (oboe, saxo, voces), Laraaji (citara, kalimba, percusiones) y Mayumi Tachibana (violonchelo) unieron sus fuerzas en esta efímera banda de nombre meteorológico y sonido tormentoso.

St. John, que por circunstancias familiares (la madre de su ex-marido era salvadoreña) sabe algo de castellano, era tan importante en el grupo como Nelson o Eno, incluso más carismatica que los chicos. Ella confirmaba que Channel Light Vessel era un grupo bien avenido en el cual todos se lo pasaban bien, sin problemas ni presiones discográficas. Lo divertido de esas sesiones (Laraaji, de hecho, fue cómico antes que músico profesional, y fundó talleres de risoterapia) derivaron en un disco plausible, con una primera mitad espectacular, cuyo éxito provocó la aparición de un segundo trabajo dos años después, "Excellent spirits" (sin la participación de Mayumi Tachibana), donde derivaron hacia un pop alternativo, creativo, original y bien construido pero de difícil comercialización, por su extraña ubicación y especialmente al echar en falta una o dos canciones fuertes que ayudaran a su éxito. Cómo tan dispares miembros de tres continentes lograron crear una música tan especial y atractiva, demuestra que hay algo común, primigenio, en el arte musical, y que personajes como estos, canalizadores de melodias y ritmos, solo tienen que dejarse llevar. Aun así, tal vez no se entendió su propuesta, o quizás se adelantaron a su época, pero tras esos dos plásticos el grupo desapareció y sus componentes se dedicaron por completo a sus carreras en solitario.



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25.7.15

KILA:
"Luna park"

En el escaparate actual de la música folclórica irlandesa, la banda dublinesa Kila es una de las más admiradas de los últimos años, por un sonido fresco y actual que se atreve con nuevas ideas y estilos sin olvidarse de sus raices. Prometedores desde sus inicios, durante los 90 se crearon un nombre y nutrida fama (las buenas críticas se unieron a su condición de grupo de culto, a pesar de que la leyenda diga que a su primer concierto acudieron solamente tres personas) gracias a una grata evolución y a un continuo contacto con el público, directos que van más allá de lo asequible, pulcro y elegante de sus compactos. Discos tan completos e interesantes como "Handel's fantasy" (con variados pasajes más audaces que la típica música celta) o "Tóg é go bog é" (plagado de numerosos detalles y variedad de influencias) acabaron por alcanzar la excelencia en su sonido con el deslumbrante "Luna park", publicado en 2003 por su propio sello, Kila Records, con la inclusión de un libreto muy cuidado en cuanto a su diseño y fotografías. El disco, además, contó con una excepcional edición española por parte de Resistencia, con las traducciones de los textos de las canciones al castellano.

Más allá de la propia música desplegada en este trabajo, destaca el aire familiar del conjunto (varios de sus miembros son hermanos), algo muy típico en los grupos irlandeses de este tipo, así como la facilidad de sus componentes para asociarse con otras disciplinas artísticas como la literatura, la poesía, la ilustración, el cine o el teatro. También es destacable que la totalidad de las composiciones publicadas sean propias, sin necesidad de acudir a la muy sobada tradición. El resultado no sólo no se resiente sino que cobra fuerza y actualidad, primorosos instrumentales se funden con rítmicas canciones, optimistas y alegres en sus letras, en una soberana conjunción de elementos de corte celta, enérgicos unos, calmados otros, siempre acertados, en un estilo ágil y directo, con mucha clase y variada instrumentación y una voz inconfundible, la de Rónán Ó Snodaigh, que también ayuda a forjar un sonido propio. Abre el trabajo "Glanfaidh mé" ('Me sanearé'), canción larga cantada en gaélico irlandés (como las cuatro del álbum), muy llevadera y compensada en su faceta vocal y en una instrumentalidad tremendamente bailable, donde violín y gaita ejecutan la giga que replica al estribillo. Un gran acierto que, a pesar de sus casi diez minutos de duración, no sólo no cansa sino que deja con ganas de más. La flauta es la gran protagonista de los dos siguientes cortes, "Hebben bridge" es una tonada con un aire irlandés muy popular y disfrutable, mientras que más pensativa es la fenomenal "Wandering fish", de composición acertada e interpretación de lujo, como recreando un apacible día de pesca en Irlanda. Destaca el bajo, cuya relevancia no es muy común en este tipo de discos. El tramo inicial, con cuatro espectaculares temas a cual más acertado, culmina con "The mama song", una de las canciones estrella del álbum, arropada por un frenético ritmo donde se integra el bodhran de Rónán, de nuevo vocalista, y se deja escuchar un buen acordeón, a cargo de Peter Browne. Canciones como ésta o como "Glanfaidh mé" son afortunados momentos de celebración y una cierta locura, un ejemplo de diversión que nos acerca a los pubs y tabernas de la vieja Irlanda. Sin espacios de relleno, la parte instrumental puede verse mecida por ritmos lentos como "Baroki", aunque a veces degeneren, como por arte de magia, en pasajes de un mayor énfasis, o en piezas atrevidas que parecen fuera de estilo como "Béilin meala" ('Boca de miel'), balada cantada por Colm, hermano de Rónán. Rossa es el tercer hermano de esta familia de multiinstrumentistas, mientras que Brian y Lance Hogan eran la otra pareja de hermanos del conjunto en este momento, un conjunto completado por Eoin Dillon (miembro fundador, con la gaita como instrumento principal) y la violinista Dee Armstrong como única mujer. La segunda mitad del álbum es eminentemente instrumental, con ejemplos de animados flauta ("Bully's acre") o violín ("Grand Hotel"), y con "Maith dhom" ('Perdóname') como único ejemplo vocal, un canto muy profundo de Colm prácticamente a cappella. Como corte de mayor duración (cerca de once minutos), ritmos celtas de todo tipo nos reciben en el tema que da título al disco, un todo muy completo con un comienzo muy interesante, suave y ambiental, que precede a una gaita y a un portentoso delirio rítmico. Para finalizar, una bonita sorpresa es "The hour before dawn", buena apertura de miras exclusiva de Dee Armstrong, que parece por momentos un alarde de algún compositor postminimalista. El piano introduce una melodía suave, entre popular y clásica, que se adorna conversando con el violín, en un juego delicado y armonioso, una especie de renacimiento del espíritu 'Nightnoise' en el siglo XXI. El cdsingle del corte elegido para promocionar el álbum, "Glanfaidh mé", incluye un radio edit de dicha composición junto a tres canciones nuevas, otra cantada (la rockera "Burning love", versión celta del gran clásico de Elvis Presley) y dos sin versos (más convencional "Alan Kelly's book of dreams" y algo psicodélica "Rossa's turlough's"). Mas allá de lo afortunado o pegadizo de las canciones, el grado de conjunción tan contumaz de la banda logra, posiblemente sin esfuerzo aparente, alcanzar la atmósfera ideal, la autentica plasmacion del espíritu irlandés en música. "Luna park" es la culminación de esa cohesión, un álbum que llama la atención por lo completo y variado de su repertorio, un paso adelante en un momento en el que grupos de música celta de toda la vida estaban desaparecidos o en cierta decadencia.

Los directos de kila son por lo general espectáculos de artística escenografía, en ocasiones con elementos teatrales y circenses acompañando a la música. De hecho, la banda ha obtenido varios premios en Irlanda en categorías de mejor concierto de música tradicional. Varios han sido sus discos en directo, grabados en su mayoría en la sala de conciertos dublinesa Vicar Street. De hecho, "Luna park" contó con una edición especial que incluía un DVD con cuatro temas en directo, grabados en dicho club en 2002: "Glanfaidh mé", "Tóg é go bog é", "Cardinal knowledge" y "Cé tú féin?". Otros ejemplos fueron "Live at Vicar Street" (edición limitada de 1000 copias publicada en el año 2000), "Live in Dublin" (2004, cinco de cuyas composiciones provenían de "Luna park") y el DVD "Once upon a time", publicado en 2008, que contenía asimismo dos temas de "Luna park". Como curiosidad, mencionar que "Another beat" fue un disco de remixes publicado en japón en 2006, que incluía cuatro cortes de "Luna park" remezclados, y es que este gran clásico de Kila es un trabajo que ha dado mucho que hablar, Vibrante, repleto de exquisitas tonadas y momentos bailables que provocan un inmenso regocijo. Fundamental para entender cómo se puede evolucionar sin implicar un cambio estético ni asociarse a la electrónica.



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27.6.15

DAVID BEDFORD:
"Star's end"

Décadas atrás parecía existir por parte del público un mayor aprecio por la música grabada, no sólo por la actual facilidad para conseguir cualquier cosa con un solo click del ratón, que banaliza en muchas ocasiones el proceso auditivo, sino por el respeto y admiración que se tenía a los músicos y a determinadas propuestas arriesgadas, originales o simplemente experimentos que se valoraban como tal y eran capaces de colarse con extrema facilidad en las listas de los discos más vendidos, obras que en la actualidad serían de producción casi inconcebible en grandes compañías, como largas suites electrónicas, óperas de exagerado sinfonismo, o trabajos con pasajes recitados basados en obras inmortales de la literatura mundial. En los 70 empezaba a ser habitual que el mundo del rock incorporara en su repertorio elementos de la música clásica (Deep purple, Pink Floyd o ELP, entre otros), de ahí surgió el rock sinfónico, pero no era tan común que una obra de corte clásico por definición, incluyera instrumentos tan propios del rock como una poderosa guitarra eléctrica. De este modo, el compositor inglés David Bedford dió con "Star's end" un pequeño paso adelante en la historia de la música, al contar con el guitarrista Mike Oldfield y el percusionista Chris Cutler junto a la Royal Philharmonic Orchestra, dirigida por el elogiado Vernon George "Tod" Handley. Nacido en 1937, Bedford conoció a un joven Mike Oldfield gracias a los primeros acercamientos importantes de ambos hacia el rock, en la banda de Kevin Ayers, 'The whole world', y acabaron trabajando juntos en un buen número de discos de ambos artistas. En 1974 Oldfield estaba en boca de todos, pero Bedford aclaraba: "No le pedí a Mike que tocara porque se hubiera convertido en un hombre tan importante en la escena musical, sino porque era mi guitarrista preferido". 

"Nurses song with elephants" fue la primera colaboración de Oldfield en un trabajo en solitario de Bedford, publicado en 1972 ("Tubular bells" aún no había sido editado, ni consecuentemente Virgin Records fundada) en el sello para músicas experimentales del influyente locutor John Peel, Dandelion Records. Con Oldfield ya en el estrellato, en 1974, llegó "Star's end", pero es conveniente destacar el álbum como una gran obra de David Bedford, fuera quien fuese el músico de rock invitado. Por otro lado, Bedford tenía una concepción muy distinta de la música que Oldfield, el mismo año que el de Reading publicó el pacífico "Hergest Ridge" con los arreglos de cuerdas y coro de David, este nos presentó una obra difícil aunque sorprendente, un desasosegante cuaderno de mágica confusión, entre la atonalidad y un vanguardista sinsentido orquestal, en el que conviven la extravagancia y la genialidad. "The heat death of the universe" fue el titulo inicial de la partitura, pero a la Royal Philharmonic no le gustó que incluyera la palabra 'muerte' (otras referencias atribuyen este hecho a Richard Branson, fundador y propietario de Virgin Records), por lo que acabó siendo cambiado por el definitivo, "Star's end", y vio su publicación por dicha compañía británica en 1974. Como seguidor fervoroso de la literatura de ciencia ficción, el título provenía de la novela de Isaac Asimov 'Segunda fundación' (tercer libro de la Trilogía original de la Fundación); traducido como 'En el extremo de las estrellas', es en dicha novela una pista sobre la ubicación de la Segunda Fundación. El álbum sin embargo no seguía esa estela, y venía a ser una historia del universo desde el Big Bang, y su enfriamiento y formación de las partículas y más tarde de las galaxias. Bedford lo afrontó con un tratamiento caótico, y pensó que algunos instrumentos del rock encajarían perfectamente, pero no quería una "chapuza rockera", en alusión a otros intentos anteriores, que calificó de aburridos y pretenciosos: "creo en el uso de los instrumentos para lo que fueron creados, y los instrumentos eléctricos sostienen y doblan notas". Bedford llenó el espacio disponible en el vinilo con esta pieza subyugante, con una carga insondable de emoción y misterio que puede llegar a atrapar. Un comienzo trémulo deviene en un intrigante adagio de fácil seguimiento que, tras varios intentos fallidos, acaba encontrando la salida hacia el pasaje mas recordado de la obra, en el que la percusión marca un paso firme y la guitarra ruge sobre las acometidas de la orquesta, un soberano clímax animado y excitante, que pone un final sobresaliente a la cara A del disco. Este primoroso culmen fue incluido en 1976 en la recopilación "Boxed" de Mike Oldfield con el título de "An extract from Star's end". Que la tensión y el desasosiego están presentes en cada minuto de la obra se manifiesta especialmente en un comienzo de la cara B digno de musicar una película de suspense, cuando las iracundas cuerdas parecen enfrentarse a la sinrazón, aliándose con una guitarra mas secundaria colmando diez apasionantes minutos, para acceder a un majestuoso pasaje (lamentablemente demasiado corto) marcado por los pulsos de los vientos, con coléricas entradas regulares. Una cacofónica irrupción de cuerdas marca el comienzo del fin, minutos ambientales que desembocan en la nueva explosión de la guitarra, y el dejarse llevar de la orquesta. David, que trabajó durante seis meses en la partitura, pensó para la grabación del álbum -en agosto en Barking Town Hall, Essex-, en el bajo de Oldfield, la guitarra de Mick Taylor (miembro hasta ese mismo año de los Rolling Stones, que había tocado en el concierto de presentación de "Tubular bells") y la percusión de Steve Broughton, si bien este último fue sustituido finalmente por Chris Cutler (de la banda de Virgin Henry Cow), y Taylor por Steve Hillage. Además, durante la grabación hubo problemas técnicos con la guitarra, por lo que tuvo que ser interpretada posteriormente y en The Manor, por Mike Oldfield, un Oldfield que no pudo tocar en el concierto de presentación, el 5 de noviembre en el Royal Festival Hall, por la reciente muerte de su madre. Fue sustituido por Fred Frith en la guitarra y Darryl Runswick en el bajo. La actividad rockera del compositor inglés en esa época le hizo vislumbrar algunas actitudes de rechazo entre el mundo clásico (escuchada la furiosa guitarra de oldfield, parece evidente que solo los muy puristas podrían verter pestes sobre su presencia en la obra, pudiendo llegar a considerarla como "un hermanamiento falso e interesado"), si bien también se encontró con un cierto esnobismo en otras ocasiones. En cuanto al recibimiento popular, esta pequeña emancipación estilística fue gratamente acogida a pesar de ser compleja, algo densa y tumultuosa. Al fin y al cabo, que determinados instrumentos no puedan entrar a formar parte de una orquesta sinfónica porque sí, es una idea tan limitada, incluso tan estúpida, como el suponer que la obra vaya a sonar mejor simplemente porque los músicos, en el foso, vistan de etiqueta, o el público acuda al teatro con sus mejores galas. Sin saber cuánta parte de culpa tuvo la aparición de Mike Oldfield, lo cierto es que "Star's end" se convirtió en el álbum clásico más vendido del año 1974.

La portada del disco, con la especial mística de las cubiertas grandes y elegantes del vinilo, presentaba una explosiva fotografía de Monique Froese, esposa de Edgar Froese desde este mismo año 1974 (el año en que Tangerine Dream comenzó a publicar en Virgin Records, concretamente una inquietante "Phaedra") hasta su muerte en el año 2000. La edición estadounidense la sustituyó sin embargo por otra, no menos bella, del fotógrafo Chris Callis, si bien la original fue la que se mantuvo en las reediciones en vinilo o CD del disco, incluso en la que en 2012 presentó la compañía independiente londinense Esoteric Recordings, especializada en rock progresivo, la misma que un año antes había reeditado asimismo el anteriormente mencionado "Nurses song with elephants". La palabra 'star' fue bastante común entre los epígrafes de David Bedford -"A dream of the seven lost stars", "Stars clusters, nebulae and places in Devon", "Some bright stars for Queens College", "Some stars above magnitude 2.9.", etc.-, si bien pocas de sus obras gozaron de la oportunidad de darse a conocer de "Star's end", un espectáculo de explosiva grandeza que se contempla atónito con el fluir del tiempo y el disfrute atento, pues se trata de una obra compacta que no admite distracción.

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