7.4.14

CRAIG CHAQUICO:
"Once in a blue universe"

Corrían los primeros años de la década de los 90 cuando el guitarrista angelino Craig Chaquico, ex-miembro de la conocida banda de rock Jefferson Starship, buscó nuevos sonidos a lomos de su Harley Davidson, y encontró la inspiración para desarrollar colosales instrumentales en los que la guitarra derribaba los cimientos de las denominaciones, desde el lógico rock al smooth jazz, algo de blues y a la temida new age, una categoría que este músico nunca evitó, y que está presente al menos en la parte más espiritual de su música: "Mi filosofía es encontrar un lugar a medio camino entre la espiritualidad y la tecnología. Por poner un ejemplo, creo que mi música se halla a medio camino entre 'Star Trek' y 'Bailando con lobos'". Por otro lado, Craig ha declarado en alguna ocasión que para él sólo hay dos tipos de música, buena y mala, y sin ninguna duda, él forma parte de la primera de ellas. Eran tantas las melodías rotundas y pegadizas que nos había ofrecido en sus tres primeros trabajos que parecía difícil que su poderoso estilo pudiera dar más de sí en un cuarto álbum, pero la primera escucha de "Once in a blue universe", publicado por Higher Octave Music en 1997, se encargó de demostrar que aún había mucha música en sus manos.
 
Tal vez ni él mismo podía sospechar que el cambio a la guitarra acústica provocado por el nacimiento de su primer hijo iba a provocar una carrera tan larga y fructífera en el panorama de la nueva era. En este momento, ya no era necesario advertir en la contraportada cómo escribir su nombre, porque Craig Chaquico era de sobras conocido entre el público, también en España, donde tocó por primera vez en junio de 1995 en Madrid y Barcelona. Ahí declaro que lo que él hacía eran 'paisajes musicales', en los que se combinaba su afición por los paseos en moto y un gran talante ecologista, ambas circunstancias demostradas de sobra en sus trabajos. Chaquico, que es capaz de tocar la guitarra acústica como si de una eléctrica se tratara, es pura fuerza y entretenimiento, y su unión con Ozzie Ahlers (cuyos teclados complementan las guitarras de Craig) iba a sufrir una revolución en busca de un sonido más completo, como ya había sucedido en parte en su tercer álbum, "A thousand pictures", al incluir instrumentos de viento más propios del jazz que del rock. Es el caso del saxo de Richard Elliot (una especie de homenaje también a su padre, que era saxofonista), que repite colaboración en uno de los cortes destacados de "Once in a blue universe", el titulado "Dreamcatcher". Otros saxos, teclados, bajo y percusiones se citan en el trabajo, incluso una guitarra española (Peter White) y la flauta del indio americano Douglas Spotted Eagle, que fichó por Higher Octave tras esta importante colaboración. El trabajo empieza con un refrescante baño nocturno, un bluesero "Midnight swim" que incorpora el erotismo del saxofón, al igual que otras tres composiciones del álbum, la aterciopelada "Blue universe" -una romántica búsqueda del alma gemela, que acaba siendo su esposa, Kimberly-, "Feelin' alright" -una suerte de improvisación afortunada- y la maravillosa "Dreamcatcher", una de esas melodías inspiradas y atrayentes que hacen de Chaquico un guitarrista imprescindible, un homenaje más al pueblo nativo americano -un atrapasueños es un objeto realizado a base de aros, plumas y redes originario del pueblo ojibwa, que adoptaron comunmente los indios norteamericanos como un símbolo cultural- que sonó hasta la saciedad y que no cansa en absoluto bastantes años después, a lo cual contribuye la magistral producción de Chaquico y Ahlers. Curiosamente, los cuatro saxos son interpretados por cuatro intérpretes diferentes. Como segundo corte estrella del álbum, al menos en cuanto al tipo de sonido aventurero más popular del artista, "Trade winds" es un auténtico viaje ya no en su inseparable Harley Davidson sino a lomos de los vientos alisios, en busca de la sonrisa y del recuerdo de las verdaderas amistades. De nuevo la naturaleza es importante en el disco, desde el bonito recuerdo a las ballenas y el océano que es "Oceans apart" hasta la descripción por medio de la guitarra de la considerada como una de las diez carreras a pie más bonitas del mundo, la "Dipsea trail", de Mill Valley a Stinson Beach, atravesando innumerables elementos naturales de excepción. La curiosidad del disco radica en la sencilla composición "Lights out San Francisco", que conocerá una sorprendente versión vocal -a cargo de Rolf Hartley- en el disco de 2009 "Follow the sun". Para concluir, otro de los cortes importantes y con un nuevo recuerdo al pueblo nativo, un "Indian spring" compuesto a partir de un sueño, donde la flauta y percusión indígena de Douglas Spotted Eagle son la contrapartida de una calmada y respetuosa guitarra, rescatando la bella melodía de "Dreamcatcher".
 
Fue para "A thousand pictures" cuando Chaquico comenzó a tañer una guitarra que él mismo ayudó a diseñar, la 'Washburn EA26 Craig Chaquico'. El artista estuvo en 1996 en España presentando dicho instrumento, y continuando con su conciencia ecológica, la compañía Washburn se comprometió a plantar un árbol por cada guitarra vendida. Esa ecología y reforestación le siguen a cercando a la new age, que aunque sigue aceptando sí que se replantea lo engañoso en ocasiones del término. Chaquico ha ido perdiendo con el paso de los años la chispa que le llevaba a construir melodías reconocibles y entusiastas, ganando a cambio en madurez y profundizando en un sonido más libre que ha derivado hacia el blues. Tal vez sea el Craig actual un músico más profundo y sincero, pero el guitarrista que asombró a toda una generación de amantes de la new age, se deja ver y disfrutar más plenamente en sus primeras obras, un puñado de discos de ensueño publicados por Higher Octave Music y dominados de tal forma por la guitarra que no extraña el comentario del músico: "Mi guitarra es mi voz".
 

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16.3.14

BEN TAVERA KING:
"Coyote moon"

El término Tex-Mex es un cruce de caminos, alude a una música fronteriza que mezcla la cultura rural del sudeste de Texas (Tex) con las raíces mexicanas (Mex), a ambos lados del curso del río Grande. No hay que olvidar que hasta bien entrado el siglo XIX Texas perteneció a México, así que múltiples elementos chicanos perduran también en territorio estadounidense. Precisamente en San Antonio (Texas) creció Ben Tavera King, un guitarrista estadounidense de orígenes filipinos en cuya casa se hablaba español y se escuchaba a Los Panchos. Ben, que estudió música tanto en España como en Texas, se sintió fascinado desde bien joven por el jazz, pero también quiso indagar en la cultura de 'la frontera', el mencionado Tex-Mex (con la base principal del acordeón), y en elementos étnicos como la flauta indígena (en su disco "Border Crossings: New Directions In Tex-Mex Music", con el grupo Los Jazztecs). A finales de los 80 publicó dos interesantes álbumes en el sello Global Pacific Records, un sencillo y jazzístico "Desert dreams", y el más completo y destacado, "Coyote moon", editado en 1990.
 
Los indígenas mexicanos llaman 'coyote moon' a la enorme luna llena que hace aullar a los coyotes. A su vez, "Coyote moon" es un disco divertido de un músico costumbrista, que ha llegado a ser calificado por la crítica poco especializada como 'new age' sólo por pertenecer a un sello especializado como Global Pacific. Bien es cierto que es complicado atribuirle una única denominación (Billboard lo incluyó en la lista de World Music, donde alcanzó la quinta posición), pues melodías festivas se mezclan con sones tradicionales y aventuras desérticas de aspecto peligroso en esta bonita colección de postales fronterizas deliciosamente construidas por Ben Tavera, que interpreta flauta y tres tipos de guitarras (clásica de cuerdas de nylon, clásica sin trastes y hammered guitar), a las que se unen teclados, bajo, percusiones y dos clases de vientos, el saxo tenor de David Travers y el violín sintetizado de otro conocido artista de Global Pacific, Steve Kindler. Sólo tres canciones quieren reflejar los paisajes desérticos prometidos en la portada, "100 year rain" (reflejo de un ancestral ritual nativo americano), "Rainbow man" y la joya del disco, un tesoro escondido que da título al mismo, y que merece comentario posterior. "Prickly lullaby", que parece retomar el concepto de "Coyote moon" de manera más ambiental, se acercaría a esa idea, si bien con un bonito enfoque romántico (el saxo), que bien podría aceptarse como lo que pretende ser, una nana. El resto del disco se ajusta a la concepción folclórica, rítmica, asequible e interesante, que podemos tener, de manera preconcebida, de lo mexicano: "Ramona's ritual rhumba" es un comienzo popular y animado, donde el ritmo rumbero de la guitarra viene acentuado en la melodía por la flauta y una interesante entradilla de saxofón. Este acercamiento a pequeños y arenosos pueblos fronterizos se repite en otros cortes con sabor mariachi como "Jessita" o "El Kabong's fiesta" ('El Kabong' es un conocido personaje de dibujos animados, muy similar a 'El Zorro', creado por el exitoso tándem Hanna Barbera). El saxo también toma importancia en "Fabled dancer / Malaguena", donde es de admirar especialmente la guitarra clásica de Ben; de hecho, las Malagueñas son una variedad del flamenco que se hacen acompañar de guitarra, y la que aquí escuchamos le debe mucho a la que Isaac Albéniz incluyó en su suite "España". Menos inquieta pero igual de atrayente es "Novela", exclusivamente a guitarra y teclados, mientras que un cierto aroma a 'smooth jazz' asoma en cortes como "Pancho's getaway" o alguno de los ya comentados ("Ramona's ritual rhumba" o "Fabled dancer / Malaguena", por ejemplo). Para terminar el álbum, un nuevo acercamiento a la cultura indígena ("Maidens of the flute clan"), pues "la flauta es la raíz de la música tradicional mexicana". Y aunque se puedan destacar algunas de las canciones mencionadas por su ritmo, fuerza y tipismo, predomina poderosamente el carisma y poderío de "Coyote moon", soberana creación con el mágico influjo de la luna llena, en la que guitarras y una gran percusión desarbolan una agitada melodía que por momentos logra impregnar en sus notas la aridez desértica, la soledad de aquellas inmensas llanuras en las que se pueden ver rodar estepicursores y volar a los buitres, y por supuesto, ya de noche, escuchar el lastimero aullido de los coyotes.
 
Tras su paso por Global Pacific, King fundó en San Antonio (una gran ciudad, con una de las más fuertes comunidades mexicanas en los Estados Unidos) su propia compañía, Talking Taco Music, y ahí ha seguido publicando sus trabajos, entre los que se encuentra la música compuesta para varios programas de la cadena PBS. La revista TIME llegó a destacar la proyección de este norteamericano de alma hispana ("mi ADN es estadounidense y filipino, pero mis oídos son mexicanos"), que inauguró la década de los 90 con un trabajo abierto y auténtico, más allá del Tex-Mex, el folclore o las canciones de cantina. "Coyote moon" es todo eso y es mucho más, es una apuesta por la fusión de jazz y world music, de ambientes y mariachis, en un entorno festivo y soleado, una oportunidad para viajar instrumentalmente al México más cercano a los Estados Unidos, de la mano del fenomenal guitarrista Ben Tavera King.

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24.2.14

CONNIE DOVER:
"Somebody"

Aunque ya eran bastantes las voces femeninas de corte celta que acaparaban elogios a comienzos de los 90, la resaca del mercado era de tal calidad y la demanda tan amplia que permitía incorporar nuevas y talentosas artistas que profundizaran en esa misma linea estilística. Y como en el caso de Loreena McKennitt, Cherish the ladies o Talitha Mackenzie, el talento podía provenir de allende los mares, de los territorios por donde se había extendido la sangre celta, en este caso de los Estados Unidos. Nacida en Arkansas y criada en Missouri, Connie Dover no poseía excesivas influencias musicales en la familia, salvo la faceta de cantante de su abuela, algunas de cuyas canciones se incluyen en el repertorio de la nieta. En la adolescencia descubrió casualmente el folk-rock británico de Steeleye Span gracias a una emisora de Kansas City (la ciudad más grande del estado de Missouri), y ya no pudo despegar de su mente esa música tradicional que le supuso, en sus propias palabras, "una vuelta a casa" (no es difícil que muchos norteamericanos posean raíces, a veces lejanas, en los territorios celtas), tanto que se embarcó en unos estudios musicales que la llevaron a la universidad de Oxford, así como a Escocia e Irlanda.

Scartaglen era el nombre de la banda de música celta que Connie formó en Kansas City y perduró de 1982 a 1994. Mientras tanto, como admiradora de grupos como Silly Wizard, escribió a Phil Cunningham para que le produjera su primer álbum en solitario. Phil se dio cuenta enseguida de que podía pulir una joya, y se convirtió no sólo en productor sino en valedor de Connie Dover, y aparte de tocar sus instrumentos característicos en su primer disco, arrastró al mismo a algunos buenos amigos e intérpretes consumados. El trabajo en cuestión, de título "Somebody", fue publicado por Taylor Park Music en 1991 con el añadido de 'Canciones de Escocia, Irlanda y los primeros Estados Unidos', y podemos encontrar una edición española de 1992 con las correspondientes traducciones al castellano, gracias a Sonifolk. Como inicio del álbum, "Somebody" es una delicia tradicional con arreglos de Connie Dover, una canción del siglo XVIII sobre el trono de Escocia en la que se ha añadido la melodía irlandesa "The star of the country down", donde la voz se adapta perfectamente al ritmo mecedor y a la melodía suspirante. También tradicionales de Escocia e Irlanda son "The Baron of Brackley" (animada balada basada en un robo de ganado ocurrido en 1666, en un estilo que se podría parecer al de ciertas composiciones de Loreena McKennitt), "Lough Erne's shore" y los conocidos versos de "O'er the hills and far away", a los que Connie añade una música propia de enorme magnitud y carácter. Esa faceta de compositora se manifiesta especialmente en dos instrumentales en forma de 'aire' (tonada celta de ritmo lento), uno inspirado por el castillo de Edimburgo ("On castle rock") y otro dedicado a su abuela materna ("An air for Mary Tipton"), dos acertadas composiciones en las que se nota especialmente la mano de Phil Cunningham en los arreglos. No podían faltar otro par de canciones tradicionales naturales del estado de Missouri, que ayudan a diversificar aún más la influencia celta, en este caso de aroma americano: "Jack of diamonds" (del siglo XIX pero remontable a otra melodía escocesa anterior, "Farewell to Tarwathie") y "Shenandoah" (famosa canción de barqueros del río Missouri). Del cantautor galés Huw Williams es la pieza que cierra el álbum, "Rosemary's sister", basada en la enternecedora historia de una joven que perdió a su hermana en los bombardeos sobre Londres en la Segunda Guerra Mundial. Para el final resta el comentario sobre la que posiblemente sea, con permiso de "Somebody" y "O'er the hills and far away", la mejor canción del álbum, la más radiada del mismo y la más diferente por su esencia antigua y religiosa: "Cantus" combina la canción navideña del XIV "Personent hodie" con dos poemas marianos de la Irlanda medieval (bajo el título particular de "Jesukin") musicados por Connie Dover; la pieza permite el lucimiento de la vocalista americana, pero no hay que olvidar los majestuosos nombres que le acompañan el todo el álbum en los instrumentos principales: Mánus Lunny (guitarra, bouzouki), Christy O'Leary (gaita irlandesa, flauta irlandesa), Aly Bain (violín) y por supuesto Phil Cunningham (teclados, acordeón, flauta, cistro, guitarra acústica y percusión). Además, Neil Hay (bajo sin trastes), Gary West (cauld wind pipes) y Marcos watt (cajas). Varias canciones de este trabajo formaron parte de diversos recopilatorios de interés, tanto en España por medio de Sonifolk y su colección Lyricon ("O'er the hills and far away" en "Celtas", o "Cantus" en "Música para desaparecer dentro vol II"), como en norteamérica por parte de Narada ("Somebody" y otras tres canciones posteriores en "Heart of the celts: Songs of love" -compilación que comparte con Karen Matheson, Aoife Ní Fhearraigh y Maighréad Ní Dhomhnaill-, así como "Cantus" y tres canciones más en "Celtic voices: women of song" -otro recopilatorio compartido, en esta ocasión con Mary McLaughlin, Mairéid Sullivan y Emma Christian-).

Resulta paradójico que en los dos grandes discos en solitario del genial músico escocés Phil Cunningham ("Airs & Graces" y "Palomino Waltz") no se escuchen voces, mientras que sus trabajos como productor se basen principalmente en grupos e intérpretes que utilizan activamente la voz en su música. Aparte de sus propios álbumes, esta bestia de la música celta ha producido entre otros a Bonnie Raitt, Cherish the Ladies, Dolores Keane, Altan, Wolfstone y, por supuesto, Connie Dover. El registro de esta norteamericana que ha llegado a ser comparada con Joan Baez es perfectamente apropiado tanto para el folclore celta como para la tradición medieval, como demuestra en cada uno de sus trabajos. Kansas City le ofrece ambientes tanto rurales como urbanos para desarrollar su creatividad, que aparte de la música desarrolla a través de la poesía o la cocina. La popularidad de sus discos y su premio Emmy en 2007 por su trabajo en el documental "Bad Blood: La Guerra de Fronteras que desencadenó la Guerra Civil" podrían ser suficientes para definirla, pero es en la escucha de sus canciones cuando se descubre a Connie como una 'elegida' para continuar con la transmisión de un tipo de música inmortal.



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30.1.14

VARIOS ARTISTAS:
"A winter's solstice"

Presentar los productos más importantes de una compañía discográfica, ya sea temporal o temáticamente, en forma de samplers o discos recopilatorios no es nada nuevo, ni lo era cuando Windham Hill y Narada competían en los 80 por la supremacía en el mercado -americano y mundial- de la música de la nueva era. "Windham Hill Records Sampler", seguido del número del año en cuestión, fue la oferta anual del sello de Will Ackerman desde 1981 (Narada los denominó "Narada sampler" y "Narada collection"), y "An evening with Windham Hill Live" supuso un detalle de distinción al ofrecer una estupenda selección de composiciones en vivo de sus mejores artistas. Esa oferta sin embargo se tornó incluso más sugerente a comienzos de 1986, al publicar una compilación temática en la que, por vez primera en esta compañía, las canciones eran exclusivas, composiciones no incluidas en los trabajos de los músicos implicados sino de dedicación plena para el tema en cuestión, en este caso la navidad, bajo el apasionante título de 'solsticio de invierno'.
 
"A winter's solstice" era la referencia número 45 en estos primeros diez años de Windham Hill, y sólo apareció unos meses después de otro extraño recopilatorio titulado "Windham Hill Records Piano sampler", extraño por no reunir a músicos del sello (salvo a Philip Aaberg o el futurible Tim Story) sino a otros más desconocidos (Michael Harrison o Richard Dworsky), con canciones tanto nuevas como ya conocidas o publicadas ese mismo año 1985. Volviendo al trabajo que nos ocupa, "Jesu, Joy of man's desiring" es el elegre tema de comienzo, a cargo de David Qualey. Habíamos escuchado unos años atrás la interpretación de esta colosal miniatura de J. S. Bach por parte de George Winston en esta misma compañía ("Joy", en su álbum "December"), pero la guitarra de este efímero artista en Windham Hill consigue un nuevo punto de vista en la misma partitura, un estupendo inicio al que siguen Ira Stein y Russel Walder con "Engravings II", una calmada pieza de aromas medievales escrita por Ira. Will Ackerman no podía faltar a esta cita con otra inmensa guitarra (acompañada por el cello de la miembro del Kronos Quartet, Joan Jeanrenaud), mientras que el primer solo de piano lo introduce un tranquilo Philip Aaberg, que reinterpreta "High plains", pieza que daba título a su primer álbum en la compañía californiana. Numerosos álbumes de esta primera época de Windham Hill atestiguan que en su nómina se habían unido grandes artistas y que algunos de ellos estaban en un soberano estado de gracia. Sin ir más lejos, Billy Oskay y Micheál Ó Domhnaill presentaban a continuación una de esas cancioncillas navideñas que se han convertido en pequeños clásicos de las nuevas músicas, la evocativa "Nollaig", que en gaélico quiere decir, precisamente, navidad; Nightnoise aún no había alcanzado su madurez (de hecho el grupo aún no había presentado su primer plástico bajo esa denominación) pero este dúo dejaba su impronta en esta compilación que continuaba con el conocidísimo "Greensleeves" a cargo de la pianista Liz Story, una pieza que regrabará durante la siguiente década con un tempo algo más acelerado para su álbum, también navideño, "The gift". El desfile de nombres continúa con Mike Marshall y Darol Anger (con otra pieza de Johann Sebastian, "Bach bourée"), Malcolm Dalglish ("Northumbrian lullabye") y se cierra con otros dos nombres de excepción: el trompetista Mark Isham interpreta "A tale of two cities", un emblemático himno de su autor desde entonces, y el siempre reverenciado grupo Shadowfax, con la sonoridad del lyricon (esa especie de flauta electrónica interpretada por Chuck Greenberg) por bandera, aporta "Petite aubade", el único tema no compuesto exclusivamente para la recopilación (si exceptuamos la comentada regrabación de la pieza de Philip Aaberg), ya que venía recogido en el álbum "Watercourse way".
 
La serie "A Winter's Solstice" continuó durante varios años hasta completar seis interesantes entregas, aparte de otras dos tituladas "A Winter Solstice Reunion" y "Winter Solstice on Ice". Además, "The essential Winter's Solstice" era un doble disco que recogía 28 composiciones de la serie, cuatro de ellas del primer volumen, las interpretadas por Liz Story -que abría el álbum-, David Qualey, Will Ackerman y Mark Isham. Caso aparte en esta sucesión de samplers navideños eran la inclusión de villancicos interpretados conjuntamente por varios artistas de la compañía (acreditados como Windham Hill Artists), destacando especialmente "Carol of the bells" como primer ejemplo en la cuarta edición (villancico ucraniano que había popularizado George Winston años atrás) o "Angels we have heard on high" en la quinta, la primera de la saga en la que, curiosamente, aparece el mencionado George Winston (en esta ocasión junto a Keola Beamer), un Winston fijo desde entonces en la serie. Cualquiera de esos ocho volúmenes son altamente interesantes, si bien el primero de ellos fue el más original, el auténtico, el que primero llevó a los espectadores la magia navideña en portadas estupendas y músicas maravillosas.

ANTERIORES CRÍTICAS RELACIONADAS:
VARIOS ARTISTAS: "An evening with Windham Hill live"
VARIOS ARTISTAS: "The impressionists"
TIM STORY & VARIOS ARTISTAS: "In search of angels"




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29.12.13

SCARLET RIVERA & TOMMY EYRE:
"Behind the crimson veil"

Una de las muchas pequeñas historias de la música del siglo XX nos cuenta cómo la casualidad provocó que una guapa muchacha con aspecto de gitana que paseaba el 30 de junio de 1975 con la funda de su violín por la calle trece del Lower East Side neoyorquino, fuera abordada por un "feisimo coche verde" desde el cual el auténtico Bob Dylan le propuso una audición para entrar en su banda. El aspecto y el virtuosismo se aunaron en este caso en la figura de Scarlet Rivera, violinista estadounidense de verdadero nombre Donna Shea, que colaboró activamente con Dylan en dos de sus álbumes más recordados, "Desire" y "Hard rain", además de participar en la gira de 1975 Rolling Thunder Revue tour, durante la cual destacó por su sentido del ritmo y su maquillaje serpentino, además de suscitar ciertos rumores sobre un posible romance con su 'jefe', que estaba en pleno proceso de reconciliación con su esposa Sara.
 
Scarlet, que se había creado un nombre tras su colaboración con Dylan, intervino posteriormente en numerosos álbumes de Tracy Chapman, Indigo Girls, Keb Mo' y otros músicos (girando además con algunos de ellos), y como solista de violín en la Duke Ellington Orchestra. De la psicodelia de sus primeros trabajos en solitario (que 'olvida' en su web oficial) pasó de golpe, tras su matrimonio con Tommy Eyre en 1991, a un lirismo muy asequible y melódico. Eyre, teclista británico que falleció en 2001, también contaba con una grata fama por sus colaboraciones con Joe Cocker (tocó en la irrepetible "With a little help from my friends"), Gary Moore, Mick Jagger, Greg Lake o el dúo Wham! entre muchos otros. Juntos, Rivera y Eyre, lograron en sus álbumes de los 90 una buena conjunción de teclados y violines, suscribiéndose sin pudor a categorías tales como world music, música celta o new age. Estos dos talentos que son más conocidos realmente por esos trabajos con otros artistas que por sus propios discos, lograron en 1994 la cumbre de su carrera conjunta con "Behind the crimson veil", álbum en el que la lujuriosa sonoridad del violín de Scarlet domina el conjunto, al que se añaden los teclados de Tommy, actuando esencialmente como fondos melódicos o texturas ambientales, y la percusión del solicitado Bobbye Hall. Cada composición es como un cuento de naturaleza exótica donde cálidos violines, de enorme cromatismo, se aferran a vistosas cadencias bajo las que se debaten los teclados. Lo que parecen lejanos recuerdos afloran en ambientes de cierta sensibilidad, que contrastan con otros momentos de euforia casi tropical. El álbum comienza con su tema más difundido y afortunado, "Long ago and far away", que presenta una melodía desenfadada y exultante en un contexto con guiños orientalizantes, consiguiendo un insólito divertimento en el que el violín es el claro protagonista. El corte que da título al disco, "Behind the crimson veil", parece ser una pieza menor, más personal, pero sin embargo contiene una gran demostración de clase en un enorme clímax, y en su final también de escalas orientales. El sugerente fondo de teclados se deja envolver por las cuerdas en un agradable "Dante's dream", imaginativo y fácil de escuchar, al igual que "Sea of tranquility", mientras que un falso viento releva al violín en parte de "Spiral dance", agraciada tonada que toma caminos de una new age folclórica, con aroma a océano pacífico. Precisamente la segunda gran composición del trabajo, de título "Spring fever", profundiza de nuevo en esta línea de esas alegres melodías que bien podrían provenir de la imaginación de algunos artistas del sello Global Pacific, como otro violinista de excepción, Steve Kindler. El teclado más parecido al piano tiene en "The threshold of paradise" su momento para contarnos una pequeña historia, y en la recta final del álbum nos despiden esta aventura que viaja del índico al pacífico la movida "To catch a dream by the tail" y una melancólica "The magical mirror". La facilidad del sonido presentado en este compact disc no desluce su interés, ya que Rivera y Eyre, como matrimonio que eran, se compenetran perfectamente -con lucimiento especial de la fémina-, en un todo equilibrado, colorido y preciosista.
 
El sello alemán Erdenklang auspició este trabajo en 1994 en su etiqueta Silent Beauty, que pretendía alejarse un tanto de la electrónica más característica de esta discográfica para centrarse en sonidos más fusionados, en una onda new age. La portada, muy visual, corrió a cargo de Dorothea Ritter, y la producción del propio Tommy Eyre. Cuatro años después, BCI Music publicó una reedición del álbum con cambio de portada ('The pet leopard', del pintor y grabador orientalista francés Jean-Joseph Benjamin-Constant), alterando además el orden de las canciones. Nada tiene que ver este trabajo con los de Bob Dylan, ni en sonido ni en repercusión, si bien Scarlet Rivera depositó en él la misma esencia exótica que otorgó a la gira Rolling Thunder Revue del famoso músico de Minnesota, el mismo que la reclutó cuando iba por la calle en esa ciudad, Nueva York, en la que todo puede ser posible.

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28.11.13

ENIGMA:
"The cross of changes"

En 1990 se produjo un fenómeno musical por el que música moderna y antigua se entregaban a una fusión sin precedentes en la que el músico rumano Michael Cretu, escondido tras el nombre de Enigma, se deslizaba por una pendiente de lujuria entre voces antiguas de contexto religioso, elementos sampleados y ritmos cercanos al dance y al ambient. Tres años después de ese trabajo inusual y rompedor de título "MCMXC a.D.", su autor se adentraba en otra sensualidad más mundana, la de la world music, en un viaje sonoro por Asia y Europa. Desenmascarar a Michael Cretu supuso irrumpir en una discografía anterior bastante desconocida (salvo posiblemente por la canción "Samurai" y tal vez por el single "Gambit") pero también extensa, en solitario o colaborando con otros músicos, durante los 80. Cuando se dió cuenta de las posibilidades de la fusión de elementos antiguos, incluso étnicos, con la tecnología de los años 90, sólo tuvo que adaptar su forma de componer y encauzar correctamente unas ideas que pasaban irremediablemente por el trabajo en el estudio de grabación, naciendo un nuevo Cretu y un nuevo sonido, al que el nombre contribuyó a enigmatizar.

Cretu, avispado como pocos, se dió cuenta enseguida que lo que había comenzado con cantos gregorianos podía continuarlo de manera incluso más rotunda con músicas del mundo, que tan en alza estaban en aquella época de cambios, mezcolanzas y descubrimientos. Contaba además con la ventaja de la calidad y la innovación en cuanto a la grabación digital y de una mente activa e inspirada que iba a desarrollar una serie de ideas acertadas que iban a continuar por la senda del éxito. Virgin Records también se aprovechó de la situación, y publicó "The cross of changes" en 1993, tres largos años después de que "MCMXC a.D." se convirtiera en su álbum más lucrativo del momento, así como una edición especial muy limitada en 1994, con tres nuevas remezclas de los singles principales: "Return to Innocence", "Age of Loneliness" y "The Eyes of Truth". Con un título que deja bien claro que nos encontramos en una continuación (al menos en cuanto al estilo, al alma) del trabajo anterior, "Second chapter" es la pieza de inicio, en la que el ambiente misterioso introduce una fanfarria que ya sonaba en "MCMXC a.D.", esa especie de sirena de barco que algunos llaman 'el cuerno de Enigma' que se iba a convertir en identificativo santo y seña de los discos de este grupo ficticio. Un comienzo muy original (un atrevido sonido de viento de apariencia gitana), da paso a un colorido canto mongol con espectacular vocalista y a las mismas flautas shakuhachi que auparon a "MCMXC a.D." al número 1 en media Europa. Se trata de "The eyes of truth", creación sugerente y distinta de lo que se podía escuchar en cualquier radiofórmula, en la que la sensualidad de los vientos unido a lo erótico de la voz conforma una canción verdaderamente inspirada, dotada además de un poderoso ritmo que entra de lleno en el etno-tecno que practicaban grupos exitosos como Deep Forest o, pocos años después, experimentos controvertidos como Sacred Spirit y más aceptados como Afro Celt Sound System. Dicha cadencia es suave, elegante, como sucede en prácticamente todo el álbum, donde la electrónica no acapara necesariamente todo el protagonismo, es la combinación étnico-electrónica la triunfante, el baluarte de este fascinante sonido. Cretu estaba verdaderamente motivado en esta etapa gloriosa de su obra, y la irrebatible demostración es el corte estrella del álbum, una sencilla canción titulada "Return to innocence", radiada sin cesar en la publicidad de radios y televisiones, para la que el músico rumano utilizó cantos del pueblo Amis, aborígenes taiwaneses que fueron confundidos con indios nativos americanos. Los ambientes étnicos modernizados seducen de manera natural, acompañados en general por la sensual voz de Sandra, de igual manera que en su primer trabajo. Concretamente, "I love you... i'll kill you" recuerda sobremanera a aquel "Mea culpa" que fue segundo sencillo de "MCMXC a.D.", si bien se añade el válido complemento de la guitarra, como lo demuestra el poderoso solo aquí incluido. Más sonidos indígenas se escuchan de fondo en "Silent warrior", otra canción interesante en lo que a estas alturas es ya un álbum muy completo. El intérprete en esta ocasión es el propio Cretu, que intenta así reverdecer su época de "Samurai" con este otro 'guerrero silencioso'. "The ring of the dolphin" es el tema más tranquilo, con entradilla de teclados y silbidos de acompañamiento, además de la inevitable voz, para una atmósfera muy agradable que ayuda a equilibrar el disco y que está dedicada a su esposa Sandra. En "Age of loneliness (Carly's song)" escuchamos más flautillas y voces que recitan eróticamente junto a otra más étnica que domina el conjunto de la pieza junto a la base rítmica. Esta canción se incluyó, retocada, en la banda sonora de la película "Sliver", protagonizada por Sharon Stone en el momento álgido de su popularidad (basada, como la música de Enigma, en un innegable erotismo). Lo evocativo de las construcciones musicales de Michael Cretu hace que sean estupendas para spots comerciales, es el caso de algunas de las composiciones anteriores y de "Out from the deep", donde Cretu vuelve a tomar la iniciativa vocal sin prejuicios. La guitarra vuelve a sonar frenética al final de la pieza, desembocando en "The cross of changes", un último corte más relajante y abierto a nuevos experimentos globales y tecnológicos, que llegarán definitivamente años después con trabajos eficaces como "Le roi est mort, vive le roi" o "The screen behind the mirror". Escuchando este álbum se pone de manifiesto que una buena idea, bien producida y ejecutada, no tiene por qué pasar de moda, de hecho en la música actual suenan demasiadas ideas robadas del pasado, por ejemplo de trabajos como éste, que cuenta con una espléndida producción a cargo de un Cretu que, ciertamente, también tomó 'prestados' ciertos ritmos de otros artistas, si bien el empleo de esos elementos sampleados (de canciones de Led Zeppelin, Genesis, Black Sabbath, U2, Peter Gabriel, Anne Dudley o Vangelis, entre otros) es nimio y no ensombrece su creatividad. Lejos de eso, "The cross of changes" se erigió como un fenomenal ejemplo de fusión, con una enorme labor de composición y ejecución que para muchos superaba a su primer disco, y volvió a ser un superventas en Europa (aunque no vendió tanto como su antecesor, fue número 1 en Gran Bretaña y alcanzó puestos importantes en Alemania, Suecia o Suiza) y llegó al noveno lugar en los Estados Unidos. En España alcanzó el número 6 en marzo de 1994.

Aunque se eliminen los cantos gregorianos (hubiera sido fácil continuar en esa línea), el misticismo continúa en su espiritualidad y una estupenda conexión con la Madre Tierra a través de sonidos naturales y elementos folclóricos. También se incluye en el libreto un texto del poeta místico musulmán Jalaladdin Rumi, inspirador de los conocidos 'Derviches giróvagos', que iría en consecuencia con las imágenes simbólicas del cuadernillo, un atractivo diseño obra de Johann Zambryski (encargado del artwork de los primeros álbumes del grupo), en el que figuran las letras de las canciones y los datos del trabajo: Cretu (de nuevo con el pseudónimo de Curly M.C.) firma todas las canciones y ejerce de productor e ingeniero de sonido desde su estudio ibicenco, A.R.T. Studios, e interpreta todos los instrumentos y programaciones excepto las guitarras (a cargo de Jens Gad y Peter Cornelius) y las voces de Angel (Andreas Harde en realidad, que interpreta "Return to innocence"), Sandra (la esposa de Cretu), Louisa Stanley y Curly M.C., es decir, Michael Cretu. De sus dos colaboradores en la idea original de Enigma, David Fairstein continúa en "The cross of changes" su colaboración como letrista, mientras que Frank Peterson abandonó el grupo por discrepancias con Cretu, y años después mantuvo la idea del canto gregoriano como instrumento de fusión antiguo-moderna en otro grupo de estudio, de nombre Gregorian, aparte de introducir dicho elemento en la música de su pupila y esporádica compañera sentimental Sarah Brightman, con el culmen del álbum "Eden". En cuanto a Cretu, no tardaría mucho en volver a la senda del éxito con otro fenomenal trabajo de Enigma, "Le roi est mort, vive le roi".

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8.11.13

MAX RICHTER:
"Memoryhouse"

Determinados músicos, llevados por no se sabe bien qué fuerzas o musas, consiguen en algún momento de su carrera alcanzar la plena madurez y llegan a apabullar con una obra tan única y maravillosa que llega más allá de cualquier intelecto. La situación es más sorprendente si se trata de la primera obra en solitario del artista en cuestión. Es el caso de Max Richter, pianista y compositor británico nacido en 1966 en Alemania, que logró poner a prueba a crítica y público con un debut extraordinario e insolente de título "Memoryhouse" que Late Junction (sello de la BBC3 que publicó en su corta existencia álbumes de Max Richter, John Adams y David Rees-Williams) publicó en 2002, una obra de estupenda fabulación sobre hechos históricos, mezclando conceptos y épocas en beneficio de un soberbio eclecticismo. En vista de su calidad y aceptación, el trabajo fue reeditado por 130701 (subsello de FatCat Records) en 2008 con diferente portada, más sencilla que la original, que presentaba una poética y solitaria estación de tren en blanco y negro.

Precisamente la fotografía en blanco y negro es característica en las portadas de Richter, intentando equiparar el diseño gráfico a la belleza de las atmósferas lastimeras que caracterizan su obra, deudora tanto del vanguardismo de su maestro Luciano Berio, como de los minimalistas (Glass, Reich, Nyman), e incluso de grupos de música electrónica como The future sound of London (con los que ha llegado a colaborar) o los inefables Kraftwerk. El grupo Piano Circus representó sus primeras grabaciones de músicos minimalistas para el sello Decca, y no abandonó ese estilo para su propia música, en la que un sentido muy poético de la melodía acompaña a sus primeras obras en solitario, cuyo primer ejemplo, prendiendo una vela de luz cegadora, es este completo álbum que cuenta, según el propio Richter, "una historia sobre dónde hemos estado", y plantea la pregunta "¿a dónde vamos?". A "Europe, after the rain" le cuesta arrancar entre voces y lluvia, pero un poético piano y un lastimero violín se bastan para inundar la pieza de recuerdos y fotografías lejanas, ecos de un pasado que parece retornar en "Embers" o en "Maria, the poet (1913)" con una voz que recita y un ambiente in crescendo con melodía hipnótica muy del estilo de Philip Glass. Es sin embargo Michael Nyman elemento importante en la evolución de Max Richter (que estudió en la Royal Academy of Music años después que el compositor de "El piano") y en el propio álbum, por títulos tan pictóricos como "Landscape with figure (1922)" o "Sketchbook", así como por las aportaciones de dos colaboradores de Nyman en los dos cortes más impactantes de "Memoryhouse", "Sarajevo" y "November", paisajes presentados con extraordinaria vastedad junto a, en ocasiones, una cierta austeridad que ayuda a acrecentar su carácter desolador: Sarah Leonard es la voz soprano en "Sarajevo", un espectacular lamento, tal vez deudor de Górecki y su tercera sinfonía, con un monumental acompañamiento en clímax circular que parece salirse del trabajo, mientras que Alexander Balanescu ejecuta el fantástico solo de violín en "November", una melodía enérgica y exultante, sin duda merecedora de premio, que acaba por conformar otro momento esencial en el desarrollo del disco, como también puede serlo "Last days", donde de nuevo la fuerza sinfónica del Richter más bizarro e imaginario cita cuerdas y vientos de manera épica para crear un nuevo clímax. "The twins (Prague)" y "Andras" son dos deliciosas piezas de teclado, la primera desglosa una melodía hermosa y deliciosamente corta, y la segunda un vistoso paisaje basado en el carisma del piano. La audacia de este teclista con los tratamientos electrónicos se manifiesta en cortes como "Untitled (figures)" y en ciertas ambientalidades ("Laika's journey") y efectos (en especial las voces recitando), mientras que reposados efluvios de cierta antigüedad, religiosidad y secretismo se mezclan en el resto de este sorprendente álbum, en huidizas tonadas en las que se hace notar el colosal trabajo de la BBC Symphony Orchestra, conducida por Rumon Gamba. En 2013, más de diez años después de su estreno y cinco de su reedición, se anunciaba el estreno mundial del álbum en concierto el 24 de enero de 2014 en el Barbican, en Londres, con la misma BBC Symphony Orchestra y la electrónica en vivo de Max Richter.

El éxito popular de los minimalistas más accesibles, en cierto modo retocados hacia la comercialidad, posibilitó la aparición de numerosos nombres que acabarían compartiendo estanterías, si bien tal vez no protagonismo, con otros más respetados por la crítica. Sólo los fuertes sobrevivirían, y entre ellos iba a alcanzar gran protagonismo Max Richter, que con trabajos como "Memoryhouse" puede provocar alexitimia (incapacidad de expresar con palabras los propios sentimientos) en muchos de los sorprendidos oyentes, que acogen la distante sobriedad de su música como un éxito del nuevo minimalismo. Abrumador y decadente, Richter recrea en este trabajo (descrito por la BBC como 'una obra maestra entre las composiciones neoclásicas') anécdotas musicales dotadas de vida, en un estilo que se ha llegado a definir como 'música documental'. De hecho, cuatro de los temas "Europe", "After the rain", "The twins (Prague)" y "Embers" fueron utilizados en el documental de la BBC sobre Auschwitz 'The nazis and the final solution'. Así mismo, un extracto de "Sarajevo" sonó en el trailer para la película 'Prometheus' de Ridley Scott, y otros de "November" en los trailers de 'To the wonder' de Terrence Malick y 'J. Edgar' de Clint Eastwood, tres directores de reconocido prestigio, como el que Max Richter ha sabido alcanzar con obras como "Memoryhouse" o "The blue notebooks".

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14.10.13

PAUL MOUNSEY:
"City of walls"

Cuando el músico escocés Paul Mounsey, utilizando diferentes samplers de voces antiguas provenientes de grabaciones de la Escuela de Estudios Escoceses de Edimburgo, creó la memorable composición "Passing away", no llegó a suponer que iba a ser el comienzo de una interesante trilogía de curioso título e intenciones cosmopolitas: la saga 'Nahoo', cuya esencia era algo más que una simple colección de discos, supuso un nuevo punto de partida para su autor desde el lejano Brasil, comenzando por un álbum de bandera, el "Nahoo" original (1994), que puso el nombre de Mounsey en boca de los más avispados críticos, locutores y oyentes. Más adelante, a un "Nahoo Too" (1997) un tanto disperso y avanzado le siguió una desatada tercera parte ("Nahoo 3 (Notes from the Republic)" en 1999). Con el cambio de siglo, el famoso apelativo había sido ya exprimido hasta el límite, por lo que el nuevo proyecto de este antiguo alumno del Trinity College iba a contar con un título original, "City of walls", y un nuevo planteamiento, en el que Mounsey no variaba su esencia multicultural pero la desarrollaba de manera más coherente, sin estridencias, muy centrado e inspirado. De nuevo fue Iona Records la encargada de publicar en 2003 el álbum, nueve años después del primer "Nahoo". Resistencia Ediciones lo distribuyó en nuestro país, con la traducción de títulos y canciones al español.
 
"City of walls" es un título que intenta reflejar la violenta situación social existente en la ciudad de acogida del matrimonio Mounsey, São Paulo, una inmensa urbe que se acerca a los 20 millones de personas (la mayor ciudad de Sudamérica y una de las más pobladas del mundo), donde los guetos de las clases privilegiadas (condominios) están separados de los de las clases pobres (barrios bajos y favelas) por verjas electrificadas, cámaras y guardias de seguridad, unas 'murallas' que separan la 'zona del glamour' de la 'zona de la guerra': "El título del álbum refleja una relación de amor-odio con São Paulo, donde he vivido los últimos 20 años (...) He estado viviendo allí más tiempo del que haya estado viviendo en cualquier otro lugar así que en cierto modo São Paulo es más mi hogar que cualquier sitio de Escocia". De esta manera, esencias de bossa nova tienen cabida en un comienzo rítmico y genuino ("City of walls", que anticipa la importancia de los vientos a través de la trompeta), entrando definitivamente los ritmos celtas del nuevo siglo en el segundo corte, "Since...", donde destaca especialmente la voz (Flora MacNeil), en un contexto de grandiosa intensidad, o en "Dunfermline", donde la épica melodía celtoide basada en el salterio escocés viene aderezada por una sólida percusión a cargo de Moxé, que se luce a lo largo del álbum (tambores de maracatú en esta ocasión). No en vano se trata este de un trabajo, como todos los de Mounsey, poderosamente rítmico. Y tremendamente ecléctico, pues si en "Heaven's full" se presentan sones medievales (basados en el 'Sanctus' de la 'Misa sin nombre' del monje escocés Robert Carver para seis voces), el siguiente corte se trata de una modernizada canción de trabajo (de hecho su título no engaña, "Work song", y su esencia pasa de encontrarse en el campo para estar ubicada directamente en un contexto urbano), para continuar por nuevos derroteros celtas pero atemperados con flautas y percusiones que otorgan al conjunto un ambiente casi amazónico ("Billy's birl). En este sentido, "A ferro e fogo" es un lamento por la selva brasileña en la que conviven melodías tradicionales portuguesas con una danza final proveniente de Pontevedra, que Mounsey incorporó simplemente "porque sonaba bien". Otro bailable reel, el titulado "Nothing to lose", es descontextualizado por medio de la electrónica en su vertiente más dance, logrando otra curiosa y efectiva fusión que él mismo o el malogrado Martyn Bennett ya habían cultivado con éxito en trabajos anteriores. Y si bien se agradecen este tipo de escapadas, casi disgresiones, que favorecen notablemente el conjunto, es en un tema algo menos retocado como "Gad lonndrainn (From E to F)" donde mejor se admira la grandiosidad de Mounsey, una de esas creaciones especiales que por sí solas ya merecen un álbum que las contenga. Melodía emblemática de su autor (utilizada con anterioridad en el primer "Nahoo" -"From Ebb to Flood"-), "Gad lonndrainn (From E to F)" introduce una maravillosa cadencia presentada vocalmente (versos de Willie Campbell) y completada por medio de guitarras, violines, teclados y percusión. Junto a "Gad lonndrainn", la segunda pieza que más impacta y destaca en el conjunto, por la fuerza que emana de su sencillez, es "A child", la que fuera sintonía del mítico programa de radio Diálogos 3 (sustituyendo al inmortal "Theme from Harry's game" de Clannad), emocionante arreglo de Paul Mounsey de una melodía del libanés Marcel Khalife sobre un texto del poeta palestino Mahmoud Darwish. El moderno tratamiento de su voz étnica (la también libanesa Oumayma El-Khalil), como un abrazo entre el pasado y el presente, logra dejar un poso emocional en el oyente. Otros cortos momentos ambientales, interludios con carga de teclados, son igualmente disfrutables en este completo álbum que culmina con una canción, "Annie", interpretada por el propio Paul, una melancólica balada con la que concluye esta excitante aventura, un trabajo muy completo, atrevido y vibrante.
 
Nacido en el fértil condado escocés de Ayrshire, Paul decidió irse a Brasil con su esposa, descontento de la situación en Londres. En Brasil se dedicó a componer música para publicidad (anuncios dirigidos por importantes realizadores de Hollywood como el malogrado Tony Scott), así como para la televisión y el cine brasileños. "Nahoo" era una amalgama de influencias escocesas y brasileñas, y aunque "City of walls" continúa por esa línea, Mounsey decidió abandonar el término 'Nahoo', que ya había explotado suficiente. Además, para este su cuarto álbum desaparecen los samplers que tanto se escuchaban en la saga, dotando al disco de una estructura menos tecnológica, aderezada por la envoltura de crítica social que acaba por acercarlo al pueblo y a una humildad exquisita. "City of walls", que ocupó a Mounsey durante dos años, está de nuevo producido por el escocés y el compositor chileno Joao Vasconcellos, que parecen saber complementar a la perfección unas ideas globalizadoras que, en un entorno moderno, conforman un fabuloso todo coherente y sin altibajos a pesar de la variedad estilística y la alternancia de influencias, numerosos alicientes que se citan en una obra estimulante que engalana la tradición escocesa.
 
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PAUL MOUNSEY: "Nahoo"



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21.9.13

MICHAEL BRANT DEMARIA:
"Siyotanka"

Aunque no siempre sean sinónimo de calidad, algunos músicos están abonados con casi cada uno de sus discos a estar nominados a diversos premios musicales. En esta disciplina poco infalible, a veces el mero nombre del artista en cuestión ya es razón para tenerlo en cuenta en las nominaciones, como es el caso de Enya, Kitaro, R. Carlos Nakai o Paul Winter en la categoría New Age de los Premios Grammy. En los últimos años, el carismático psicólogo, escritor y músico Michael Brant DeMaria ha sido objeto de varias nominaciones en dicha categoría por sus relajantes álbumes "Ocean", "Gaia" y "Bindu". Antes de ellos, el primer gran éxito de este artista, "Siyotanka", fue nominado también en los Grammy en la categoría Native American Music Album, y si bien no ganó ni esa ni las posteriores nominaciones, sus álbumes han alcanzado fácilmente la primera posición en las listas de ventas de música New Age. "Siyotanka", publicado en 2008 por Ontos Music (el sello del propio DeMaria), sí que obtuvo el prestigioso Premio Native American Music en la categoría Native Heart, así como el Premio ZMR (de la influyente web Zone Music Reporter) al mejor Native American Album. Y todo ello sin que por las venas de Michael DeMaria corra sangre india.

En 2003, Michael había entrado en contacto con la música para sanación por medio de un alabado álbum titulado "The river", en el que nos recibían ambientes terrenales muy placenteros, ideales para la relajación. El comienzo del interés de este inquieto personaje por la música curativa provenía de su propia experiencia, cuando a los 7 años utilizó la música como terapia para recuperarse de una operación, creando sonidos propios que le evadían de su convalecencia como en una forma de terapia. La adolescencia le llevó al mundo del jazz como batería y percusionista, para acabar admirando el piano de Keith Jarrett o la guitarra de Wil Ackerman, que le hicieron buscar caminos más profundos. Fue a una edad avanzada, 31 años, cuando escuchó por vez primera la flauta nativa americana, de la mano del disco "Earth spirit" del indio navajo Carlos R. Nakai, con el que acabaría colaborando años después: "Eso me llevó a un mundo completamente diferente, había algo en el sonido agridulce, inquietantemente familiar de la flauta, que me llevó a un lugar interior aún más profundo (...) Literalmente trajo lágrimas a mis ojos". En su faceta de autor, y absorbido por el encanto del instrumento, DeMaria escribió "Siyotanka: The legend of the flute" como una obra de teatro (junto al también psicólogo Stephen C.Lott) en 2008, encargándose además de su banda sonora, el trabajo aquí presentado. 'Siyotanka' es la palabra Lakota para 'flauta' (también puede traducirse como 'gran canción'), y la obra (estrenada con gran éxito en Pensacola, Florida, ganadora de seis premios Crystal) narra la leyenda india sobre la creación de la primera flauta nativa americana, a través del viaje de un niño, Takoda, y su encuentro con la naturaleza, "una metáfora de nuestro viaje por la vida a medida que crecemos, exploramos y hacemos frente a nuestros miedos (...) Un mensaje de amor y paz, con un significado profundamente espiritual, filosófico y sociológico". La importancia de la flauta es evidentemente fundamental en la obra y en el álbum, un instrumento que a pesar de su aprendizaje tardío, Michael afirma tocar con el corazón: "Cierro los ojos y es lo más parecido a volar, siento que mi espíritu se eleva cuando toco, y es una emoción y alegría sin igual para mí". DeMaria interpreta en este disco cuya portada corre a cargo del co-autor de la obra teatral, Stephen Lott, flauta, teclados y percusión, así como guitarra acústica en “Beyond The Known”. Un inmenso relax nos atrapa desde el primer minuto, merced a la adormilante combinación de percusión, viento y teclados que supone "The village". Así, mecidos por el arrullo de la flauta, se nos presentan melodías más calmadas ("Siyotanka", "Three trees"), alternadas con otras puramente ambientales ("Night watcher", el atmosférico comienzo de "Becoming Takoda") o ritmos atrayentes de reminiscencias indias ("Grandfather", "Branched horn"). En este entorno hermoso, idílico, mágico incluso, varios instantes especiales marcan sin embargo definitivamente el trabajo: en "The Quest" teclado y flauta se armonizan para, junto a percusiones autóctonas, retratar un sencillo panorama desértico. En "Nuka" sonidos naturales nos presentan un sereno amanecer en plena naturaleza, logrando un relajante vínculo espiritual entre el Padre Cielo y la Madre Tierra. Como corte posiblemente más destacado, "Beyond the known" es una pieza poderosa, un encantamiento que parece buscar una conexión mística con los elementos y con las deidades indígenas, la dualidad de su sencila melodía aflautada y un serio y acertado componente rítmico conforman un todo envolvente, en un emocionante llamamiento a la conciencia ecológica, así como un ejemplo de amor: "La fuerza motivadora principal en mi vida es el amor. El amor en el sentido de lo que los griegos llamaban ágape - que es el amor por la vida y la humanidad. Amo la vida, amo a la gente, y me encanta crear".

Nacido en 1962 en Norwalk, Connecticut, y criado en Wilton, Michael DeMaria -que completó sus estudios de psicología y filosofía en la Universidad de West Florida- se sitúa con su serie de meditativos álbumes que agrupa bajo la demoninación de 'Healing music' (música curativa), en la estela de otros músicos ilustres como Deuter o Stephan Micus, al menos en cuanto a la placidez y serenidad de unas melodías que también saben encontrar una cierta vertiente enérgica, desarrollos sostenidos de hipnóticas cadencias que nos conducen hacia paisajes de enormes llanuras yermas y cielos inmensos. Teclados, flautas y sonidos naturales dominan sus ambientes, no exentos de magia ancestral en su sencillez que delatan las inquietudes de su autor tanto por la música étnica (africana, japonesa, música gitana), el jazz (George Winston, Miles Davis) y la musicoterapia (es el fundador de Ontos, compañía de investigación en prácticas curativas), como por las posibilidades de los sintetizadores (Alan Parsons, Jean Michel Jarre, Tangerine Dream). Deliciosamente étnico y natural, como la figura jorobada del Kokopelli (ese conocido dios indio de la fertilidad que está tocando una flauta), el encanto de un álbum como "Siyotanka" va más allá de lo material, fundiéndose con una conciencia que conecta directamente con los predicamentos de la cultura de la Nueva Era.



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29.8.13

MICHAEL NYMAN:
"Prospero's books"

'La tempestad', de Shakespeare, es una obra intrínsecamente musical que ha inspirado a grandes compositores como Beethoven, Debussy o Chaikovski. Algunas de las óperas basadas en esta obra son "La tempestad", de Fromental Halévy (1850) y "Un rey escucha", de Luciano Berio (1984), mientras que Thomas Ades presentó en 2004 "La tempestad", una ópera en tres actos en la que insufló una nueva idea sobre la admirada obra con una música que captaba la magia del argumento y conservaba su atmósfera oscura, en la que espíritus musicales asombran a los visitantes a la isla de Próspero. De igual modo asombra la concepción minimalista de Nyman para las películas de Peter Greenaway, y del director galés es precisamente la libre adaptación cinematográfica de 'La tempestad' que en 1991 tituló "Prospero's books" ('Los libros de Próspero'), cuya banda sonora publicó ese mismo año el sello británico Argo, y directamente su compañía propietaria, Decca, en una segunda edición con ligero rediseño de portada. En todo caso, el germen de esta banda sonora proviene de un curioso encargo que la ciudad de Paris hizo a Michael Nyman por la conmemoración del bicentenario de la Revolución Francesa, un recorrido musical por esta grandiosa urbe, que formaba parte de un audiovisual proyectado en el arco de La Défense del 19 de julio al 31 de diciembre de 1989, y que el efímero sello Criterion publicó en 1989 con el título de "La Traversée de Paris".
 
Reciclando la inspirada música que el británico compuso para el encargo parisino, Nyman preparó una de sus mejores partituras para "Prospero's books", pero la relación entre músico y cineasta iba a verse seriamente deteriorada cuando el director, sin aviso previo, decidió utilizar en el metraje final del film tan sólo una mínima parte de la música del compositor y amigo: "Cuando ví la película me pareció que Peter había traicionado mi música, no la usó con la autenticidad y sensibilidad que lo había hecho en, por ejemplo, 'El contrato del dibujante'. Y también introdujo la música que escribí en el contexto extraño de un diseño sonoro bastante desafortunado, una partitura casi electrónica en la que mi música se entierra, donde los efectos de sonido y voces se tratan de una manera más bien exagerada. Nunca me dijeron que eso iba a pasar". Michael consideró que tenía que haber sido informado de ese tratamiento, y cuando mostró su disgusto ante el equipo, esperó las explicaciones del director, que nunca llegaron, por lo que se dió por finalizada una amistad de dieciocho años. La arrogancia de Peter Greenaway, que ya había pensado en John Adams para "Drowning by numbers" y recurrido a Wim Mertens para "The belly of an architect" (tras un intento fallido con Philip Glass y una partitura de Glenn Branca que no acabó por convencerle) le llevó a prescindir totalmente de su antiguo colega para la música de sus películas. Nyman había realizado una concepción esencialmente vocal de la obra, y añadió con sapiencia este elemento a su música, logrando un efecto fantasmagórico y embriagador que Peter Greenaway apenas supo valorar. Basado en textos del propio William Shakespeare, escribió cinco canciones (conocidas como 'Ariel songs', por la importancia del personaje de Ariel en la obra) para la soprano Sarah Leonard. Precisamente comienza el disco con la breve "Full fathom five", y "While you here do snoring lie" en tercer lugar, que junto con "Come and go" fueron reinterpretadas en 1992 para un curioso disco de canciones de Nyman con la afamada cantante alemana Ute Lemper titulado "Songbook" (que además de esas tres 'Ariel songs' incluía canciones basadas en textos de Paul Celan, Mozart y Rimbaud). A partir de aquí llega la parte más atractiva de la banda sonora, con cuatro maravillosos temas que constituyen lo más interesante y recordado del álbum: "Prospero's magic", "Miranda", "Twelve years since" y "Come unto these yellow sands". De ellas, la única composición original para la película era "Twelve years since", un corte calmado que parece anticipar futuros éxitos del británico en el mundo de la banda sonora, cambiando parte de sus ideas repetitivas por una melodiosidad ambiental. Las otras tres provienen de "La traversée de Paris", y curiosamente, de los siete cortes rescatados de aquel álbum, son los únicos que fueron modificados: "L'entrée" era un gran comienzo para el multimedia, y Nyman lo aprovechó para darle forma (bastó con una ligera ampliación) a "Prospero's magic". "Le théâtre d'ombres chinoises" acelerada fue una gratísima mejora para "Miranda", y el añadido de la voz en "Le labyrinthe" la convierte en la excitante "Come unto these yellow sands", otra 'Ariel song' en la que despunta considerablemente Sarah Leonard, una de las composiciones que más y mejor utiliza Greenaway en la película. En ellas destacan bucles repetitivos, por lo general de cuerdas, sobre los que se alzan los vientos como ejecutores de melodías regias y aguerridas. El piano de Nyman, por contra, es poco apreciable en el conjunto de tan poderosa banda, aunque siempre está ahí, marcando el ritmo, observando todo como un buen director de orquesta. El trabajo continúa sin mayores sobresaltos entre temas nuevos y otros reubicados directamente de "La traversée de Paris", hasta llegar al último corte, "The masque", que presenta una grata escena operística en la que intervienen como vocalistas Marie Angel, Deborah Conway y la alemana, mencionada anteriormente, Ute Lemper. "The masque" no es la única pieza operística creada por Nyman bajo la influencia de "La tempestad" de Shakespeare, ya que "Noises, sounds & sweet airs", publicada por Argo en 1994, contenía varios cortes de "La traversée de Paris", aunque con títulos diferentes. En definitiva, y con la ironía de estar hablando de una banda sonora que apenas fue utilizada como tal, hay que concluir afirmando que "Prospero's books" es una de las mejores y más completas partituras de Nyman para Greenaway, posiblemente en el momento más dulce del pianista, sólo unos años antes de su consagración ante el gran público con "El piano". La producción del disco, como en todos los trabajos de Nyman en su época con Peter Greenaway, corre a cargo del músico irlandés, antiguo miembro de The flying lizards, David Cunningham.
 
Parece que Nyman quisiera reconocer los méritos de su eficaz conjunto liderado por Alexander Balanescu, la Michael Nyman Band, al colocar su nombre en la portada del trabajo, cosa que no había ocurrido anteriormente. Tanto es así que al año siguiente de la publicación de "Prospero's books" Argo lanzó al mercado una curiosa y gratísima recopilación de las bandas sonoras más conocidas del dúo Nyman/Greenaway titulada "The essential Michael Nyman Band", con composiciones de "The draughtsman's contract", "A zed & two noughts", "Drowning by numbers", "The cook, the thief, his wife and her lover", dos de las maravillosas "Water dances" (provenientes también de un trabajo con Greenaway) y el tema "Miranda" de "Prospero's books", con la importante característica de tratarse de reinterpretaciones de las canciones, cosechando un enorme éxito con el fabuloso "Chasing sheep is best left to shepherds". Otros temas de "Prospero's books" se incluyen en más recopilatorios de Nyman, especialmente "Miranda", con la nota destacable de que en "The very best of Michael Nyman: Film music 1980-2001" se incluye "Miranda previsited", la versión original de "La traversée de Paris" (aunque cambiando su título real, "Le théâtre d'ombres chinoises"). También "Miranda", junto a "The masque (excerpt)" y "Where the bee sucks", formaba parte de un curioso CDsingle promocional de "Prospero's books". El éxito cosechado con bandas sonoras tan atractivas como "The dragthsmans contract" o "Drowning by numbers" no encasilló a Nyman, que continuó con su labor de búsqueda a través de nuevas óperas, cuartetos de cuerda o el mencionado extraño trabajo vocal con Ute Lemper de título "Songbook". Su labor de musicación de películas iba a cambiar en lo sucesivo, en gran medida por su ruptura total con Peter Greenaway, lo que permitirá a Nyman tener más tiempo para aceptar otro tipo de encargos, algunos de ellos tan atractivos como "El piano", así como películas destinadas al gran público ("Gattaca", "Ravenous") y otras no tan pretenciosas para las que compuso partituras memorables ("The claim", "Wonderland", "Carrington").
 






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